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sábado, 9 de enero de 2016

FIESTA DEL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS (Bogotá, año 2015): R.P. Altamira



Queridos hijos: 

Hoy es una fiesta muy hermosa, la Fiesta del Santo Nombre de Jesús. Ese nombre tan hermoso, “y no ha sido dado a los hombres otro nombre debajo del Cielo por el cual puedan ser salvos”: Dios Nuestro Señor Jesucristo, Jesús. El día de la Navidad quisimos hacer un muestreo muy breve sobre la riqueza litúrgica del Ciclo de la Navidad, para que la valoren, para que disfruten de la liturgia católica y la conozcan. Después, el Domingo de la Infraoctava, les hablamos de la Novena de Aguinaldos, así como en la Octava de Navidad (el 1º de enero). Hoy queríamos retomar ambos tópicos, comenzando por la liturgia y terminando por la Novena.

 Sobre la liturgia de la Navidad, y en relación al Santísimo Nombre de Jesús: Hemos pedido a nuestro coro, que en el Ofertorio cante las hermosas y tradicionales “Antífonas O”. Son siete antífonas en honor de Nuestro Señor, y en honor de su Nombre (en todas se comienza por nombrar a Cristo). El comienzo de estas antífonas se utiliza (aunque creo que no todas) en algunas de las estrofas de los Gozos de la Novena. Con estas “Antífonas O”, se nombra y glorifica siete veces el Santo Nombre de Jesús, porque en cada una de ellas, con distintos apelativos, se nombra a Dios Nuestro Señor Jesucristo, pidiéndole otras tantas veces ¡QUE VENGA: “VENI”! 

Y hoy más que nunca, porque en la situación que padecemos, y en la confusión en que estamos, no se ve, y no hay, “solución humana”. “Veni, Dómine: Ven, Señor”. “Maranhata Ioshua: Ven, Señor Jesús”. Estas “Antífonas O”, son antífonas que se utilizan en el Oficio Divino, en el Breviario de los sacerdotes, y corresponden a la hora canónica de Vísperas, para el Magnificat de las Vísperas. Ellas van desde el 17 de diciembre hasta el 23; y es muy curioso que con ellas (esto me lo hizo notar un compañero en el Seminario) se forma un acróstico. Este acróstico tiene una forma particular que no se las diré, para ver si la descubren, pero “les ayudo” diciendo qué se forma: Se forma en latín “ero crás”. Me veo tentado de no decirles qué significa, pero sí lo haremos: “Mañana estaré”; podemos decir: “mañana estaré con vosotros pues naceré en la tierra, naceré en Belén de Judá”.

Estas antífonas terminan el 23 en las Vísperas de la tarde; y tal vez el acróstico es porque el 24 a la medianoche, “la Noche Buena”, nacerá Cristo, nacerá Dios en la tierra: “Ero crás”, mañana estaré con vosotros, mañana naceré. Decíamos: Tendremos la alegría de escuchar estas antífonas en el canto del Ofertorio; serán cantarán por nuestro coro. Pero veamos qué significan cada una de ellas: DÍA 17: O Sapientia. “O Sapientia, quae ex ore Altissimi prodiisti, attingens a fine usque ad finem, fortiter suaviterque disponens omnia: Veni ad docendum nos viam prudentiae”: Oh Sabiduría, que has salido de los labios del Altísimo, que llegas de uno a otro confín (de la tierra), que ordenas todas las cosas con firmeza y suavidad: Ven a enseñarnos el camino de la prudencia. DÍA 18: O Adonai. “O Adonai, et Dux domus Israel, qui Moysi in igne flammae rubi apparuisti, et ei in Sina legem dedisti: Veni ad redimendum nos in bracchio extento”: Oh Adonai (Oh Señor), y Rey de la casa de Israel, que apareciste a Moisés en el en fuego de la llama de la zarza, y a él en el Sinaí diste la Ley: Ven a liberarnos con brazo extendido. DÍA 19: O Radix Jesse. “O Radix Jesse, qui stas in signum populorum, super quem continebunt reges os suum, quem gentes deprecabuntur: Veni ad liberandum nos, iam noli tardare”:

 Oh Raíz de Jesé, que estás de pie como un signo de los pueblos, ante quien enmudecen los reyes, (y) al cual las naciones imploran: Ven a liberarnos, ya no tardes”. DÍA 20: O Clavis David. “O Clavis David, et sceptrum domus Israel; qui áperis, et nemo claudit; claudis, et nemo aperit: Veni, et éduc vinctum de domo cárceris, sedentem in ténebris, et umbra mortis”: Oh Llave de David, y cetro de la casa de Israel; que abres y nadie cierra; cierras y nadie abre: Ven, y conduce al que está encadenado en casa de cárcel (sus pecados), al que está en las tinieblas y en la sombra de la muerte. DÍA 21: O Oriens. “O Oriens, splendor lucis aeternae, et sol iustitiae: Veni, et illúmina sedentes in tenebris, et umbra mortis": 

Oh Oriente, esplendor de la luz eterna y Sol de justicia: Ven, e ilumina a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte”. DÍA 22: O Rex Gentium. “O Rex Gentium, et desideratus earum, lapisque angularis, qui facis útraque unum: Veni, et salva hominem, quem de limo formasti”: Oh Rey de las naciones, y el Deseado de ellas, y la Piedra Angular, que conviertes a ambas cosas en uno: Ven, y salva al hombre, que formaste del barro. DÍA 23: O Emmánuel. “O Emmánuel, Rex et légifer noster, exspectatio gentium, et Salvátor earum: Veni ad salvandum nos, Dómine Deus noster”: Oh Emmanuel, Rey y legislador nuestro, anhelo de las naciones, y Salvador de ellas: Ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.

Nos salimos ahora del tema de las “Antífonas O”, y vamos a la Novena de Navidad, Aguinaldos. ¿Por qué? Por el Ciclo de Navidad, porque estamos dentro de él, y porque ajustando nuestras vidas a lo que decimos en la Novena, viviendo así, estaremos honrando el Santo Nombre de Jesús. En la “Consideración para el día cuarto”, leemos: “Desde el seno de su Madre comenzó el Niño Dios a poner en práctica su eterna sumisión a Dios, la cual continuó sin la menor interrupción durante toda su vida”. La santidad es el amor sumo a Dios, amor que influye así en toda nuestra vida y acciones. Pero tal vez, dentro de los muchos aspectos que abarca, uno que se puede resaltar, como muy manifestativo de la santidad, es el estar dispuestos a cumplir siempre, en todo, y en todo lugar, lo que Dios ordena y manda, sea con su Revelación (tanto escrita: Sagrada Escritura, como oral: Tradición Católica), como a través del Catolicismo –su única religión-, a través de la Santa Iglesia Católica, y, un punto muy importante, también someternos, aceptar y cumplir con lo que Dios nos manda a través de los hechos o circunstancias de vida, con su Divina Providencia, aceptar lo que Dios manda a través de las cosas que nos ocurren y suceden. 

 Quizá podemos decir que lo último, aceptar lo que Dios manda a través de los hechos y circunstancias, en definitiva, “llevar la Cruz” (los sufrimientos de esta vida, las complicaciones en la vida diaria, los problemas en la familia, las enfermedades, el no tener trabajo, o tener trabajo pero ganar mal, las preocupaciones, las inquietudes, ansiedades), es un punto importantísimo para llegar a la santidad. Sigamos escuchando esta “Consideración”: “Así empezó… a enseñarnos que Dios merece todo de parte de su criatura, así empezó a expiar nuestro orgullo, origen de nuestros pecados”. 

 “¡Dios merece todo de parte de su criatura!”, así debemos ser: Hacer y aceptar en todo la Voluntad y decisiones de Dios. Una de las formas como podemos definir esa mala acción que es el pecado, podría ser: “El pecado es la voluntad de un simple ser humano que quiere anteponerla y hacerla prevalecer frente a la Voluntad del Creador, frente a la Voluntad de Dios”. Todo pecado es orgullo: Yo quiero que mi voluntad se anteponga, y se realice “lo que yo quiero”, y no lo que Dios quiere. Y en esto de la voluntad propia, todo lo que se ve tan claramente con los pecados mortales y con algunos de los pecados veniales (tal vez con los plenamente deliberados), no se ve tan claramente con otros pecados más pequeños; o –y esto es muy sutil-: Cuando uno quiere hacer una buena acción pero no tiene total pureza de intención: Vale decir, cuando uno quiere hacer una buena acción, y en su espíritu la desea “porque yo quiero hacerla”, sin que prime o tenga fuerte consideración en su espíritu el hacerla por Dios. Cuando ocurre esto último, Dios que es un padre y nos quiere santos, no raramente suele mandar mil complicaciones, y uno no puede realizar eso bueno que quería hacer (voluntad propia versus voluntad de Dios).

Es que en el fondo, eso bueno que se quería hacer estaba y está “manchado”, porque es “voluntad propia” (gran enemigo nuestro, de nuestra santificación, y de Dios). Insistimos: Era “voluntad propia” y no Voluntad de Dios. Y si es voluntad propia, lleva algo (o mucho) de pecado: El pecado es voluntad propia. “Lo importante es lo que Dios quiere, y no lo que yo quiero”. Al no poder hacer esa acción buena, uno muchas veces se pregunta: “¿Qué pasa? ¿Por qué no puedo hacer esto si es algo bueno, “si es algo para Dios”, por qué se complica tanto el poder hacerlo?”. Y uno se da una coz contra la pared, ¡ y dos, y tres, y tres mil ! Y uno, que es un cabezón, no termina, como decía San Pablo, de darse en vano coces contra el aguijón. Y uno se fatiga y se cansa, en vez de aceptar la Voluntad de Dios. “No estoy buscando a Dios, sino que me estoy buscando a mí mismo: voluntad propia”. Esto, que fácilmente se comprende “intelectualmente”, difícilmente se vive en el ámbito de la voluntad y de nuestras acciones. Somos tan imperfectos, que la santidad, cuando en el fondo es fácil, por tanta cosa e imperfección nuestra, se nos presenta muy difícil. Y es más, y aquí no lo desarrollaré sino tan sólo lo nombraré: Incluso en algunos santos, para llevar bien la Cruz, si bien quieren hacer las cosas buenas con pureza de intención (es decir: hacerlas porque Dios quiere y no por ellos mismos), aun así no pueden hacerlas y tienen muchísimos fracasos. Eso es la Cruz, eso es la vida de Cruz, locura para el mundo, “falta de éxito” para él, pero gloria para Dios, y para curación de nuestros pecados. Intentemos redondear todo esto, con otra parte de esa misma “Consideración”: 

“¿Deseamos hacer verdadera oración?... El Niño Dios ora, y ora de un modo excelente. No habla, no medita, ni se deshace en afectos. SU MISMO ESTADO LO ACEPTA CON LA INTENCIÓN DE HONRAR A DIOS”. Eso es oración, ¡la mejor! Eso es hacer de nuestras vidas oración: Aceptar las cosas que “nos vienen”, lo que “nos llega”, lo que nos ocurre, el estado en que estamos, lo que manda la Providencia. Sobre este tema de aceptar la Voluntad de Dios, habría sin duda más para decir, pero, Dios mediante, quedará para otro momento.

 Para terminar, y para asociar la ternura de esta época en su mayor símbolo, que es la Madre con su Niño, la Santísima Virgen con el Niño Dios, queremos unirlos en un elogio final a ambos, a Nuestra Señora y a Nuestro Señor, en el día de la Fiesta del Santo Nombre de Jesús. Porque “no tiene a Dios por Padre, quien no tiene a María por Madre”. Y “no ama a Dios Nuestro Señor Jesucristo, quien no ama a María, su Madre”. Y porque “amar a Cristo es amar a María Santísima, y amar a Ella es amar a su Hijo”. De allí que, siendo la Fiesta del Santo Nombre de Jesús, terminamos con un fragmento de una poesía, pero en honor del Santo Nombre de María. Porque sabemos que con esto, su Hijo estará muy conforme desde el Cielo.

 Es una poesía del P. Castellani, es una poesía en honor de la Reina del Cielo y su Santo Nombre. Lo que hemos escogido dice así: 

El nombre de María /// vivas mieles /// que significa el Mar solemne y santo. Rompió como un mar bravo allá en Lepanto /// y destrozó el poder de los infieles. Un relente1 de rosas y claveles /// azulceleste veste y blanco manto, pero también el ímpetu y espanto /// contra los viles, /// contra los luzbeles. Porque Ella es Reina y Madre /// todo junto, del poder del amor vivo presunto2 , y como Reina tiene sus cuarteles. Como una flota camuflada en flores y como una Madre /// tiene sus furores cuando le tocan sus hijitos /// fieles. 

Ojalá que este año 2016, podamos realmente ser “sus hijitos fieles”, fieles al Santo Nombre de Jesús, fieles al Santo Nombre de María. AVE MARÍA PURÍSIMA