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jueves, 29 de septiembre de 2016

NOVENA DE MISAS EN HONOR AL INMACULADO CORAZÓN DE MARIA



Estimados fieles,

Quisiera advertirles que hoy, fiesta de San Miguel Arcangel, se inicia una novena de Santas Misas al Corazón Inmaculado de María en razón de la situación mundial que hoy vivimos y que últimamente se ha ido agravado más y más. La cada vez más profunda crisis de la Iglesia así como el peligro muy próximo de una guerra mundial. El riesgo de que millones y millones de almas puedan caer al infierno en unas horas...

 La "desorientación diabólica" que nunca había tenido tal magnitud, incluso entre los que intentan defender la verdadera Tradición de la Iglesia. 

Les animo a unirse a esta novena de Santas Misas, al menos espiritualmente, rezando una novena en sus casas al Corazón Inmaculado de María. Por ejemplo, un Santo Rosario, al que se pueden añadir otras oraciones convenientes, si lo desean, sin omitir las jaculatorias al Corazón Inmaculado de María.

En esta situación horrorosa que vive el mundo no nos queda más que encomendarnos al Corazón Inmaculado de María, que él les bendiga a todos ustedes,

Padre Hugo Ruiz V.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

CARTA ENCÍCLICA CASTI CONNUBII DEL SUMO PONTÍFICE S.S. PÍO XI Sobre el Matrimonio cristiano



1. Cuán grande sea la dignidad del casto matrimonio, principalmente puede colegirse, Venerables Hermanos, de que habiendo Cristo, Señor nuestro e Hijo del Eterno Padre, tomado la carne del hombre caído, no solamente quiso incluir de un modo peculiar este principio y fundamento de la sociedad doméstica y hasta del humano consorcio en aquel su amantísimo designio de redimir, como lo hizo, a nuestro linaje, sino que también lo elevó a verdadero y gran1 sacramento de la Nueva Ley, restituyéndolo antes a la primitiva pureza de la divina institución y encomendando toda su disciplina y cuidado a su Esposa la Iglesia. Para que de tal renovación del matrimonio se recojan los frutos anhelados, en todos los lugares del mundo y en todos los tiempos, es necesario primeramente iluminar las inteligencias de los hombres con la genuina doctrina de Cristo sobre el matrimonio; es necesario, además, que los cónyuges cristianos, robustecidas sus flacas voluntades con la gracia interior de Dios, se conduzcan en todos sus pensamientos y en todas sus obras en consonancia con la purísima ley de Cristo, a fin de obtener para sí y para sus familias la verdadera paz y felicidad. 

2. Ocurre, sin embargo, que no solamente Nos, observando con paternales miradas el mundo entero desde esta como apostólica atalaya, sino también vosotros, Venerables Hermanos, contempláis y sentidamente os condoléis con Nos de que muchos hombres, dando al olvido la divina obra de dicha restauración, o desconocen por completo la santidad excelsa del matrimonio cristiano, o la niegan descaradamente, o la conculcan, apoyándose en falsos principios de una nueva y perversísima moralidad. Contra estos perniciosos errores y depravadas costumbres, que ya han comenzado a cundir entre los fieles, haciendo esfuerzos solapados por introducirse más profundamente, creemos que es Nuestro deber, en razón de Nuestro oficio de Vicario de Cristo en la tierra y de supremo Pastor y Maestro, levantar la voz, a fin de alejar de los emponzoñados pastos y, en cuanto está de Nuestra parte, conservar inmunes a las ovejas que nos han sido encomendadas. Por eso, Venerables Hermanos, Nos hemos determinado a dirigir la palabra primeramente a vosotros, y por medio de vosotros a toda la Iglesia católica, más aún, a todo el género humano, para hablaros acerca de la naturaleza del matrimonio cristiano, de su dignidad y de las utilidades y beneficios que de él se derivan para la familia y la misma sociedad humana, de los errores contrarios a este importantísimo capítulo de la doctrina evangélica, de los vicios que se oponen a la vida conyugal y, últimamente, de los principales remedios que es preciso poner en práctica, siguiendo así las huellas de Nuestro Predecesor León XIII, de s. m., cuya encíclica Arcanum2 , publicada hace ya cincuenta años, sobre el matrimonio cristiano, hacemos Nuestra por esta Nuestra Encíclica y la confirmamos, exponiendo algunos puntos con mayor amplitud, por requerirlo así las circunstancias y exigencias de nuestro tiempo, y declaramos que aquélla no sólo no ha caído en desuso sino que conserva pleno todavía su vigor.

3. Y comenzando por esa misma Encíclica, encaminada casi totalmente a reivindicar la divina institución del matrimonio, su dignidad sacramental y su perpetua estabilidad, quede asentado, en primer lugar, como fundamento firme e inviolable, que el matrimonio no fue instituido ni restaurado por obra de los hombres, sino por obra divina; que no fue protegido, confirmado ni elevado con leyes humanas, sino con leyes del mismo Dios, autor de la naturaleza, y de Cristo Señor, Redentor de la misma, y que, por lo tanto, sus leyes no pueden estar sujetas al arbitrio de ningún hombre, ni siquiera al acuerdo contrario de los mismos cónyuges. Esta es la doctrina de la Sagrada Escritura3 , ésta la constante tradición de la Iglesia universal, ésta la definición solemne del santo Concilio de Trento, el cual, con las mismas palabras del texto sagrado, expone y confirma que el perpetuo e indisoluble vínculo del matrimonio, su unidad y su estabilidad tienen por autor a Dios4 . Mas aunque el matrimonio sea de institución divina por su misma naturaleza, con todo, la voluntad humana tiene también en él su parte, y por cierto nobilísima, porque todo matrimonio, en cuanto que es unión conyugal entre un determinado hombre y una determinada mujer, no se realiza sin el libre consentimiento de ambos esposos, y este acto libre de la voluntad, por el cual una y otra parte entrega y acepta el derecho propio del matrimonio5 , es tan necesario para la constitución del verdadero matrimonio, que ninguna potestad humana lo puede suplir6 . Es cierto que esta libertad no da más atribuciones a los cónyuges que la de determinarse o no a contraer matrimonio y a contraerlo precisamente con tal o cual persona, pero está totalmente fuera de los límites de la libertad del hombre la naturaleza del matrimonio, de tal suerte que si alguien ha contraído ya matrimonio se halla sujeto a sus leyes y propiedades esenciales. Y así el Angélico Doctor, tratando de la fidelidad y de la prole, dice: “Estas nacen en el matrimonio en virtud del mismo pacto conyugal, de tal manera que si se llegase a expresar en el consentimiento, causa del matrimonio, algo que les fuera contrario, no habría verdadero matrimonio” 7 . Por obra, pues, del matrimonio, se juntan y se funden las almas aun antes y más estrechamente que los cuerpos, y esto no con un afecto pasajero de los sentidos o del espíritu, sino con una determinación firme y deliberada de las voluntades; y de esta unión de las almas surge, porque así Dios lo ha establecido, un vínculo sagrado e inviolable.

4. Tal es y tan singular la naturaleza propia de este contrato, que en virtud de ella se distingue totalmente, así de los ayuntamientos propios de las bestias, que, privadas de razón y voluntad libre, se gobiernan únicamente por el instinto ciego de su naturaleza, como de aquellas uniones libres de los hombres que carecen de todo vínculo verdadero y honesto de la voluntad, y están destituidas de todo derecho para la vida doméstica. De donde se desprende que la autoridad tiene el derecho y, por lo tanto, el deber de reprimir las uniones torpes que se oponen a la razón y a la naturaleza, impedirlas y castigarlas, y, como quiera que se trata de un asunto que fluye de la naturaleza misma del hombre, no es menor la certidumbre con que consta lo que claramente advirtió Nuestro Predecesor, de s. m., León XIII8: No hay duda de que, al elegir el género de vida, está en el arbitrio y voluntad propia una de estas dos cosas: o seguir el consejo de guardar virginidad dado por Jesucristo, u obligarse con el vínculo matrimonial. Ninguna ley humana puede privar a un hombre del derecho natural y originario de casarse, ni circunscribir en manera alguna la razón principal de las nupcias, establecida por Dios desde el principio: “Creced y multiplicaos” 9 . Hállase, por lo tanto, constituido el sagrado consorcio del legítimo matrimonio por la voluntad divina a la vez que por la humana: de Dios provienen la institución, los fines, las leyes, los bienes del matrimonio; del hombre, con la ayuda y cooperación de Dios, depende la existencia de cualquier matrimonio particular —por la generosa donación de la propia persona a otra, por toda la vida—, con los deberes y con los bienes establecidos por Dios.

5. Comenzando ahora a exponer, Venerables Hermanos, cuáles y cuán grandes sean los bienes concedidos por Dios al verdadero matrimonio, se Nos ocurren las palabras de aquel preclarísimo Doctor de la Iglesia a quien recientemente ensalzamos en Nuestra encíclica Ad salutem10, dada con ocasión del XV centenario de su muerte. Estos, dice San Agustín, son los bienes por los cuales son buenas las nupcias: prole, fidelidad, sacramento11. De qué modo estos tres capítulos contengan con razón un síntesis fecunda de toda la doctrina del matrimonio cristiano, lo declara expresamente el mismo santo Doctor, cuando dice: "En la fidelidad se atiende a que, fuera del vínculo conyugal, no se unan con otro o con otra; en la prole, a que ésta se reciba con amor, se críe con benignidad y se eduque religiosamente; en el sacramento, a que el matrimonio no se disuelva, y a que el repudiado o repudiada no se una a otro ni aun por razón de la prole. Esta es la ley del matrimonio: no sólo ennoblece la fecundidad de la naturaleza, sino que reprime la perversidad de la incontinencia12 .

6. La prole, por lo tanto, ocupa el primer lugar entre los bienes del matrimonio. Y por cierto que el mismo Creador del linaje humano, que quiso benignamente valerse de los hombres como de cooperadores en la propagación de la vida, lo enseñó así cuando, al instituir el matrimonio en el paraíso, dijo a nuestros primeros padres, y por ellos a todos los futuros cónyuges: Creced y multiplicaos y llenad la tierra13 . Lo cual también bellamente deduce San Agustín de las palabras del apóstol San Pablo a Timoteo14 , cuando dice: «Que se celebre el matrimonio con el fin de engendrar, lo testifica así el Apóstol: “Quiero —dice— que los jóvenes se casen”. Y como se le preguntara: “¿Con qué fin?, añade en seguida: Para que procreen hijos, para que sean madres de familia”»15 . Cuán grande sea este beneficio de Dios y bien del matrimonio se deduce de la dignidad y altísimo fin del hombre. Porque el hombre, en virtud de la preeminencia de su naturaleza racional, supera a todas las restantes criaturas visibles. Dios, además, quiere que sean engendrados los hombres no solamente para que vivan y llenen la tierra, sino muy principalmente para que sean adoradores suyos, le conozcan y le amen, y finalmente le gocen para siempre en el cielo; fin que, por la admirable elevación del hombre, hecha por Dios al orden sobrenatural, supera a cuanto el ojo vio y el oído oyó y pudo entrar en el corazón del hombre16. De donde fácilmente aparece cuán grande don de la divina bondad y cuán egregio fruto del matrimonio sean los hijos, que vienen a este mundo por la virtud omnipotente de Dios, con la cooperación de los esposos.

7. Tengan, por lo tanto, en cuenta los padres cristianos que no están destinados únicamente a propagar y conservar el género humano en la tierra, más aún, ni siquiera a educar cualquier clase de adoradores del Dios verdadero, sino a injertar nueva descendencia en la Iglesia de Cristo, a procrear ciudadanos de los Santos y familiares de Dios17, a fin de que cada día crezca más el pueblo dedicado al culto de nuestro Dios y Salvador. Y con ser cierto que los cónyuges cristianos, aun cuando ellos estén justificados, no pueden transmitir la justificación a sus hijos, sino que, por lo contrario, la natural generación de la vida es camino de muerte, por el que se comunica a la prole el pecado original; con todo, en alguna manera, participan de aquel primitivo matrimonio del paraíso terrenal, pues a ellos toca ofrecer a la Iglesia sus propios hijos, a fin de que esta fecundísima madre de los hijos de Dios los regenere a la justicia sobrenatural por el agua del bautismo, y se hagan miembros vivos de Cristo, partícipes de la vida inmortal y herederos, en fin, de la gloria eterna, que todos de corazón anhelamos. Considerando estas cosas la madre cristiana entenderá, sin duda, que de ella, en un sentido más profundo y consolador, dijo nuestro Redentor: “La mujer..., una vez que ha dado a luz al infante, ya no se acuerda de su angustia, por su gozo de haber dado un hombre al mundo” 18, y superando todas las angustias, cuidados y cargas maternales, mucho más justa y santamente que aquella matrona romana, la madre de los Gracos, se gloriará en el Señor de la floridísima corona de sus hijos. Y ambos esposos, recibiendo de la mano de Dios estos hijos con buen ánimo y gratitud, los considerarán como un tesoro que Dios les ha encomendado, no para que lo empleen exclusivamente en utilidad propia o de la sociedad humana, sino para que lo restituyan al Señor, con provecho, en el día de la cuenta final.

8. El bien de la prole no acaba con la procreación: necesario es que a ésta venga a añadirse un segundo bien, que consiste en la debida educación de la misma. Porque insuficientemente, en verdad, hubiera provisto Dios, sapientísimo, a los hijos, más aún, a todo el género humano, si además no hubiese encomendado el derecho y la obligación de educar a quienes dio el derecho y la potestad de engendrar. Porque a nadie se le oculta que la prole no se basta ni se puede proveer a sí misma, no ya en las cosas pertenecientes a la vida natural, pero mucho menos en todo cuanto pertenece al orden sobrenatural, sino que, durante muchos años, necesita el auxilio de la instrucción y de la educación de los demás. Y está bien claro, según lo exigen Dios y la naturaleza, que este derecho y obligación de educar a la prole pertenece, en primer lugar, a quienes con la generación incoaron la obra de la naturaleza, estándoles prohibido el exponer la obra comenzada a una segura ruina, dejándola imperfecta. Ahora bien, en el matrimonio es donde se proveyó mejor a esta tan necesaria educación de los hijos, pues estando los padres unidos entre sí con vínculo indisoluble, siempre se halla a mano su cooperación y mutuo auxilio. Todo lo cual, porque ya en otra ocasión tratamos copiosamente de la cristiana educación19 de la juventud, encerraremos en las citadas palabras de San Agustín: “En orden a la prole se requiere que se la reciba con amor y se la eduque religiosamente” 20, y lo mismo dice con frase enérgica el Código de derecho canónico: “El fin primario del matrimonio es la procreación y educación de la prole” 21 . Por último, no se debe omitir que, por ser de tanta dignidad y de tan capital importancia esta doble función encomendada a los padres para el bien de los hijos, todo honesto ejercicio de la facultad dada por Dios en orden a la procreación de nuevas vidas, por prescripción del mismo Creador y de la ley natural, es derecho y prerrogativa exclusivos del matrimonio y debe absolutamente encerrarse en el santuario de la vida conyugal.

CONTINÚA

EL MAS TERRIBLE CASTIGO PARA LOS HOMBRES


El mayor signo de la ira de Dios y de su más terrible castigo en este mundo es entregar a su pueblo en manos de los pastores nominales que tratan a las ovejas con la crueldad de los lobos, en lugar de con el amor de afectuosos guardianes, desgarran y devoran a las ovejas que son asignados a alimentar, llevándolos a Satanás en lugar de a Dios, al infierno en vez de los cielos, y que actúan como veneno y oscuridad en lugar de como la sal de la tierra y la luz del mundo.

"Para nosotros, los pastores y sacerdotes," dice San Gregorio Magno, "seremos condenados delante de Dios como los asesinos de todas las almas que van diariamente a la muerte eterna por medio de nuestro silencio ya través de nuestra negligencia" (Homilía sobre Ezequiel 12).

En la Homilía 27, de este mismo santo: “porque no hay nada que tanto indigne a Dios (y por lo tanto provoque su ira y llame más la invocación de mal en tanto Pastor y rebaño, a sacerdotes y personas) que cuando ve a los que están encargados de corregir a los demás, dan el mal ejemplo de vidas depravadas, y en lugar prevenir las ofensas a Dios ellos mismos son los primeros en perseguirlo.

Cuando estos pastores son indiferentes a la salvación de las almas y sólo piensan en su propia comodidad o conveniencia; cuando todos sus afectos son para las criaturas terrestres, buscando con avidez la estima humana, usando su bendito ministerio para la ambición privada, abandonando el servicio de Dios para servir al mundo; ocupándose de los asuntos mundanos y profanos en lugar de la obra de santificación "-

Cuando Dios permite que sucedan estas cosas, es la prueba mas cierta de que está muy enojado con Su pueblo, y este estado es el castigo más terrible que le puede imponer al mundo. Esta es la razón por la cual Él sin cesar clama a todos los cristianos: "Convertíos a mí, y yo te daré pastores según mi corazón" (Jer 3-15.).

La muestra más concluyente que las malas vidas de los pastores son un castigo por los pecados del pueblo, y que, por otra parte, que la más grande misericordia de Dios sobre las personas y la gracia más preciosa que Él puede impartir es cuando da pastores y sacerdotes de acuerdo a su propio corazón.

Estos sacerdotes son hombres que buscan Su gloria y la salvación de las almas. El regalo más rico y el favor más precioso que la Bondad Divina puede efectuar a la Iglesia es darle un buen pastor, ya sea obispo o sacerdote. Esta es la gracia de las gracias, y el regalo de los regalos que comprenden en su interior todas las otras gracias y dones.
Por lo tanto ¿qué es un pastor o un sacerdote de acuerdo al Corazón de Dios '? Un tesoro inestimable que contiene una inmensidad de bondades ...


San Juan Eudes


lunes, 26 de septiembre de 2016

CATECISMO DEL LIBERALISMO (4a PARTE)


LEER CATECISMO DEL LIBERALISMO 1a PARTE


LEER CATECISMO DEL LIBERALISMO 2a PARTE

 52.- ¿Podría poner ejemplos de otros derechos? El perezoso que no trabaja y que por lo mismo nada posee, no tiene derecho de propiedad; por el contrario, el que por su trabajo, o el de su padre tiene una propiedad, en ella tiene derecho.
  El ignorante o el desmoralizado, no tienen derecho de enseñar, y tampoco tienen derecho de escribir en los periódicos.
  Ni el malvado ni el ignorante tienen derecho a ser elegidos gobernadores, diputados, etc.

  53.- Según lo dicho ¿qué debe juzgarse del sufragio universal? Que es la mentira universal, como la llamó el gran Pío IX.

  54.- Volviendo a la igualdad ¿cuáles son las aplicaciones que de su principio hace el liberalismo? Tres principales.

  55.- ¿Cuáles son? Primero, igualdad entre la verdad y la mentira (v.g. tolerancia de cultos).
Segunda, igualdad entre el trabajo y la holgazanería (v.g. sufragio universal, liquidación social, etc.).
Tercera, igualdad entre los clérigos y los legos (v.g. la ley contra los fueros, etc.).

  56.- ¿Qué decís de ellas? Que destruyen totalmente los principios cristianos.

  57.- ¿Qué cosa es fraternidad? Amar al prójimo como a sí mismo, por amor de Dios.

  58.- ¿Por qué añadís diciendo: por amor de Dios? Porque no puede haber fraternidad si no hay hermanos, ni puede haber hermanos si no hay un padre común a todos ellos.

  59.- ¿Y esta es la fraternidad que proclama el liberalismo? No, pues el liberalismo tiende en todo a separarse del verdadero Dios.

  60.- ¿Pues en qué consiste la fraternidad liberal? Difícil sería decirlo porque el liberalismo, dondequiera que existe trae consigo persecuciones, matanzas, y aun como en Francia la guillotina; y a veces incendios como en París, y a veces destrucciones de fábricas como en Bélgica, etc. etc. Además de las persecuciones a sus contrarios, elliberalismo es esencialmente anárquico, como dijo el eminente liberal D. Melchor Ocampo que lo conocía muy bien, y en efecto, nunca los liberales han dejado de destruirse mutuamente, como los Jacobinos y Girondinos en Francia y para no ir muy lejos, como los Juaristas, los Lerdistas y los Porfiristas en México, que se fusilaban entre sí.

  61.- Pero algo han de querer significar con su principio de fraternidad.-  Puede creerse que su fraternidad consiste en unir en un interés común a todas las sectas, a los partidos todos contra la Iglesia.

  62.- Entonces, ¿cómo se pudiera formular la fraternidad liberal? De este modo: Fraternidad con todos, menos con el Catolicismo, fraternidad de todos contra el Catolicismo.

  63.- Y prácticamente ¿cumple con este programa? Ya lo estamos viendo en México: aunque el protestantismo, por lo que tiene de religión revelada es contrario al liberalismo, este sin embargo lo llama, lo sostiene y lo protege, sólo porque es contrario a la Iglesia de Dios.

  64.- ¿En qué consiste el progreso? Habiendo hecho Dios al hombre perfectible, y siendo el mismo Dios su último fin, el progreso consiste en perfeccionar al hombre, acercándolo más y más a Dios.

  65.- ¿Cómo se puede definir el progreso? Los adelantos tanto en el orden moral como en el intelectual y en el  material subordinados unos a otros según lo exige la naturaleza humana.

  66.- ¿Cómo es esa subordinación? Subordinando los intereses materiales a los intelectuales, y unos y otros a los morales.

  67.- Y el progreso liberal ¿en qué consiste? En olvidar el fin sobrenatural del hombre, en aumentar los goces materiales, y en hacer creer al hombre que la tierra es su patria.

  68.- ¿Pues qué, no es nuestra Patria aquel país en el cual nacimos? Eso es otra cosa. Así como decimos, y decimos verdad, que Dios es nuestro Padre, y no por eso dejamos de honrar a nuestro padre terreno que nos dio el ser, del mismo modo, sabemos que el cielo es nuestra verdadera Patria, y no por eso dejamos de amar a la nación donde vimos la luz, y aún de sacrificarnos por ella, como lo han hecho tantos héroes cristianos.

  69.- ¿Pudieráis explicar más esto? Decimos que la tierra no es nuestra patria, para significar que en ella estamos solo de paso, y que todas nuestras acciones en este mundo, han de tender a la consecución de nuestro último fin en cual está en el cielo; pero no decimos que en la tierra no tengamos una Patria, que es aquella nación en la cual nacimos, y a la cual por voluntad de Dios, debemos amar y defender.

  70.- ¿De modo que el patriotismo es una virtud cristiana? Si lo es, y así se explica lo que venimos diciendo, pues cumpliendo con los deberes que Dios nos impone para con la Patria, que  Él mismo quiere que tengamos en la tierra, practicamos una virtud, es decir, hacemos méritos para llegar a nuestra Patria eterna.

  71.- Decid algo más sobre esto.- Que los deberes hacia nuestra patria terrenal, son un medio, y el fin es conseguir nuestra patria celestial. Por esto no se dice que el cielo es nuestra única Patria, sino que es nuestra verdadera Patria.  


  72.- ¿Qué deberemos decir del progreso en las ciencias, en las artes y en la cultura? Que el progreso en las ciencias es un don de Dios; pero hay que cuidar mucho que no se llame con el usurpado nombre de ciencias a aquellas doctrinas o teorías que nos apartan de Dios o de su revelación.

  El progreso en las artes es un don de Dios, y debe estar regido por la caridad cristiana.

  El progreso en la cultura es un don de Dios y debe basarse en las virtudes. O de otro modo; el progreso en la tierra no es otra cosa que el desarrollo de las virtudes cristianas.

  73.- A qué se llama el liberalismo progreso en las ciencias? A la invención de las más absurdas hipótesis con tal de que ellas se opongan a Dios o a su Iglesia.
  Han llegado a más con el positivismo, pues llaman progreso en las ciencias negar y procurar destruir las ciencias.

  74.- ¿Así lo hacen los positivistas? No lo ocultan, niegan y procuran destruir la ideología, la estética, la teodicea, la ética, la teología, etc. en una palabra, todas aquellas ciencias que de algún modo pudieran dar armas para probar la falsedad del liberalismo.

  75.- ¿Y a esto llaman progreso? Como llaman libertad a la tiranía, como llaman soberano al pueblo para explotarlo y esclavizarlo.

  76.- ¿A qué llama el liberalismo progreso en el arte? El liberalismo ha creado un género de literatura que se llama realista, que además de ser obsceno e inmoral, es la perversión del buen gusto y arrastra a la literatura por el lodo. A su imitación, la pintura y la escultura están haciéndose también realistas, destruyendo el ideal, siendo así que el ideal es lo que eleva a las bellas artes.

  Por lo demás, un gobierno Católico prohibiría la zarzuela y la ópera bufa, que pervierten la música y el arte dramático, que propagan el mal gusto, que tienden a apartar de lo bello y de lo grande, etc. etc. además de desmoralizar las costumbres, y el liberalismo no sólo no las prohíbe, sino las protege. Y no podía ser de otro modo, pues abundan las zarzuelas cuyas tendencias son marcadamente liberales.

  77.- ¿Y a qué  llama progreso en la cultura el liberalismo? La desmoralización; la falta de respeto de los hijos a los padres y en general de los inferiores a los superiores; el olvido de las buenas costumbres y de las prácticas cristianas, y en general el desarrollo del orgullo en todos los órdenes.

  78.- ¿De todos los superiores cuál es el más aborrecido por el liberalismo? El Romano Pontífice, que es el Vicario de Nuestro Señor Jesucristo.

  79.- ¿En qué se distingue el verdadero progreso del progreso liberal? En que el primero tiene a Dios por fin, y el segundo tiene por último fin al hombre.

  80.- ¿Cuáles son las últimas consecuencias del liberalismo? El nihilismo y el anarquismo que tienen por lema ni Dios ni amo, y las bombas y el asesinato como medios.

  81.- ¿Y en otros órdenes? Las Doctrinas de Lombroso y de Marx Nordau, que son la destrucción de toda arte, de toda literatura, y de toda belleza; todo va dar a lo absurdo.

  82.- Según lo dicho, ¿deberemos condenar todos los principios proclamados por los liberales, solamente por ser proclamados por ellos? De ninguna manera, y los que así lo hacen, se olvidan de que el buen padre de familia debe sacar de su tesoro lo viejo y lo nuevo.


  83.- Pues qué ¿no todos los principios que proclaman los liberales son falsos? Ciertamente que no. Algunos son falsos y hasta absurdos.  Otros son una mezcla confusa de verdadero y de falso. Finalmente, hay otros que son verdaderos. Adviértase que también proclaman algunos principios cuya admisión es libre, es decir que unos católicos los tienen por verdaderos y otros por falsos, porque versan sobre materia discutible.

  84.- En vista de esto ¿qué deberemos hacer? Instruirnos bien para no caer en error.

  85.- ¿Qué deberemos hacer respecto a los primeros de que habéis hablado? Rechazarlos absolutamente y sin miramiento.

  86.- ¿Y cómo los conoceremos? No hay ningún principio de esos que no haya sido condenado por la Iglesia, de modo que no es difícil conocerlos.

  87.- Y respecto a los segundos, ¿qué deberemos hacer? Separar lo que tienen de falso de lo que tienen de verdadero.

  88.- ¿Y respecto de los terceros? Puesto que son ciertos, debemos profesarlos; pero debemos tener mucho cuidado en su enunciación, para que no se nos crea liberales.

  89.- ¿Cómo deberá ser eso? Solamente la prudencia puede aconsejar en cada caso; pero para poner algunos ejemplos: algunos acostumbran al hablar de progreso decir: el verdadero progreso. Al hablar del pueblo añadir: en el buen sentido de la palabra, y así en otros casos, señalando muy marcada línea divisoria entre nuestros principios y las declamaciones liberales.

  90.- ¿Qué decís respecto de los últimos? Hay principios puramente políticos, que no atañen ni al dogma ni a la moral, los cuales un católico puede profesarlos o negarlo según su educación, sus estudios especiales, sus simpatías, etc. Así por ejemplo, hay católicos que son republicanos y otros que son monarquistas, y entre los primeros, muy bien puede haber quienes crean que la conveniente forma de gobierno es la República unitaria, al paso que otros juzguen que es la República Federal. Así hay otros varios principios.

  Lo que debemos hacer respecto de ellos, si por nuestras convicciones sostenemos un principio que a fuerza de ser repetido por los liberales huele a liberalismo es, como en la respuesta anterior, marcar de algún modo, cuando hablemos o escribamos, que no pertenecemos a esa secta.

  91.- Según lo que acabáis de decir, ¿son indiferentes todas las formas de gobierno? No ciertamente, y hay tres que difícilmente se convienen con el cristianismo.

  92.- ¿Cuáles son? 1° La demagogia, 2° El Cesarismo, 3° El absolutismo.                

jueves, 22 de septiembre de 2016

Sangre de Jesús, ¡Ayúdame!



En cualquier necesidad permíteme llegar a Vos con humildad y confianza,
diciéndoos:
Sangre de Jesús, ¡Ayúdame!
En todas mis dudas, perplejidades y tentaciones, Sangre de Jesús, ¡Ayúdame!
En las horas de soledad, cansancio y pruebas,
Sangre de Jesús, ¡Ayúdame!
En el fracaso de mis planes y deseos; en las decepciones, problemas y dolores,
Sangre de Jesús, ¡Ayúdame!
Cuando mi corazón esté abatido por el fracaso, al no ver algo bueno venido de mis
esfuerzos,
Sangre de Jesús, ¡Ayúdame!
Cuando otros me fallen, y sólo Vuestra gracia pueda asistirme,
Sangre de Jesús, ¡Ayúdame!
Cuando me arroje a Vuestro tierno amor como mi Padre y Salvador,
Sangre de Jesús, ¡Ayúdame!
Cuando me sienta impaciente, y mi cruz me moleste,
Sangre de Jesús, ¡Ayúdame!
Cuando esté enfermo y mi cabeza y manos no puedan trabajar y esté solo,
Sangre de Jesús, ¡Ayúdame!
Siempre, siempre a pesar de mi debilidad, caídas y defectos de cualquier tipo,
Sangre de Jesús, ¡Ayúdame y nunca me abandones!


domingo, 18 de septiembre de 2016

ERRORES DEL CONCILIO VATICANO II (Sexta Parte)

NO ES LA INTERPRETACIÓN NI LA APLICACIÓN EQUÍVOCA DEL POSTCONCILIO EL PROBLEMA RAIZ DEL MODERNISMO, COMO NOS LO HACEN CREER LOS PRO-CONCILIARES Y ALGUNOS FALSOS TRADICIONALISTAS.

EL CONCILIO ES UN INVENTO Y EJECUCIÓN MASÓNICA PARA HACER PERDER LA FE Y EL ALMA A LOS CATÓLICOS Y A QUIENES CREAN EN ESAS FALSEDADES.

  Los documentos Lumen Gentium y Nostrae Aetate hacen un exagerado reconocimiento a los musulmanes, diciendo que: “adoran al Dios único, viviente… a cuyos decretos procuran someterse con toda el alma, como se sometió Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia” (…) el Corán contradice  expresamente todas las verdades fundamentales de la fe cristiana.

  El elogio del Vaticano II a la “fe” de Abraham profesada por los musulmanes, como si constituyese una característica que los acerca a nosotros, oculta la verdad, ya que  el Abraham del Corán, no coincide con el Abraham verdadero, el de la Biblia (…). Los musulmanes pretenden que Mahoma (descendiente de Abraham por la línea de Ismael, fue llamado por Dios a restaurar, liberándolo de las presuntas falsificaciones de hebreos y cristianos.

  Se sabe que la “cristología” del Corán se basa en el Jesús torcido y desfigurado de los evangelios apócrifos y de las herejías gnósticas de distintos tipos que pululaban en Arabia en tiempos de Mahoma (…) cuando los sarracenos veneran a Jesús como profeta, lo entienden como “profeta del Islam”, mentira que no puede aceptar ningún católico que siga conservando la fe.

  Nostrae Aetate… alaba a los musulmanes y dice que con razón el concilio “exhorta a todos a que, olvidando lo pasado” “procuren con sinceridad comprenderse mutuamente, defender y promover unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad…”

  La verdad es que: el islam es una religión que, además de admitir instituciones moralmente inaceptables como la poligamia, con todos sus corolarios, pretende garantizar la salvación nada más que con solas las prácticas legales del culto… (peor que el ) fariseísmo, (…) La comunidad islámica siempre en guerra con el resto del mundo, “hasta la infalible victoria final”: la instauración de un estado islámico mundial.

  San Gregorio VII, Papa desde 1073 a 1085, le escribió en 1076 a Anazir, emir de Mauritania, quien se había mostrado generoso respecto de algunos prisioneros cristianos, el Papa le decía al emir que tal “acto de bondad” le había sido “inspirado por Dios”; que creemos en el mismo Dios al cual confesamos, aunque de modo distinto; que alabamos y veneramos a diario al Creador de los siglos y rector de este mundo”. ¿Cómo explicar tamañas afirmaciones? Ignorancia de entonces tocante a la religión fundada por Mahoma. En efecto, el Corán no se había traducido aún al latín en tiempos de San Gregorio VII. Blasfemias contra cristianos.

  La primera traducción del Corán al latín, apareció en 1143 y Pedro el Venerable le agregó una refutación decidida del credo islámico.

  El Concilio Vaticano II en vez de exhortar a los creyentes a tomar más aliento para convertir al mayor número posible de infieles, arrancándolos de las tinieblas en que están sumidos, el concilio exhorta a los católicos a afanarse para que los budistas, hindúes, moros, judíos, etc., sigan siendo tales, y “progresen” en los “valores” de sus religiones, hostiles todas ellas a la verdad revelada.

  Esta exhortación pastoral y otras semejantes traicionan la orden impartida a los Apóstoles por Jesús resucitado: “Id, pues; enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar cuanto yo os he mandado”.             



jueves, 15 de septiembre de 2016

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES





 San Bernardino de Sena no duda en afirmar que:

“La intensidad del dolor de María fue tan grande que, dividida entre todos los hombres, sería suficiente para haceros morir a todos repentinamente”.            

miércoles, 14 de septiembre de 2016

SACERDOTES "BAILADORES" DE LA FALSA IGLESIA CONCILIAR












"Los sacerdotes, ministros de mi Hijo, los sacerdotes, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los santos misterios, por su amor al dinero, a los hombres, a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza. Sí, los sacerdotes piden venganza, y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los sacerdotes y personas consagradas a Dios, que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no se encuentra a nadie que implore misericordia y perdón para el pueblo; ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno en favor del mundo."

MENSAJE DE NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE (1846)



martes, 13 de septiembre de 2016

ORACION DE UNA MADRE A SUS HIJOS



 ¡Madre mía, socorred a mis hijos! Que esta palabra sea el grito de  mi corazón desde la

    aurora. ¡Oh María!, que vuestra bendición los acompañe, los guarde, los defienda, los

    anime, los sostenga en todas partes y en todas las cosas.          

    Cuando postrados ante la presencia del Señor le ofrezcan sus tributos de alabanza y

    oración, cuando le presenten sus necesidades, o imploren sus divinas misericordias,

    ¡Madre mía, socorred a mis hijos!

    Cuando se dirijan al trabajo o al estudio donde el deber los llama: cuando pasen de una

    ocupación a otra, a cada movimiento que ejecuten, a cada paso que den y a cada nueva

    acción, ¡Madre mía socorred a mis hijos!

    Cuando la prueba venga a ejercitar su debilísima virtud y el cáliz del sufrimiento se muestre

    ante sus ojos; cuando la Divina Misericordia quiera instruirlos y purificarlos por el

    sufrimiento,  ¡Madre mía, socorred a mis hijos!

    Cuando el infierno, desencadenado contra ellos, se esfuerce en seducirlos con los

    atractivos del placer, las violencias de las tentaciones y los malos ejemplos,

    ¡Madre mía, socorred y preservad de todo mal a mis hijos!          

    Cuando en la noche se dispongan al descanso a fin de continuar con nuevo fervor su

    camino hacia la eterna Patria, ¡Madre mía,  socorred a mis hijos!

    Que vuestra bendición, Madre mía, descienda sobre ellos, en el día, en la noche, en el

    consuelo, en la tristeza, en el trabajo, en el descanso, en la salud y en la enfermedad,

    en la vida y en la muerte. Así sea.

                                                            (Se rezan Tres Aves Marías)


domingo, 11 de septiembre de 2016

Conducta práctica ante las tentaciones




1.- Antes de la tentación.- La estrategia fundamental para prevenir las tentaciones la sugirió Nuestro Señor Jesucristo a los discípulos de Getsemaní: “Velad y orad para no caer en la tentación”. Se impone la vigilancia y la oración.

   a) Vigilancia.- El demonio no renuncia a la posesión de nuestra alma. Si a veces parece que nos deja en paz y no nos tienta, es tan solo para volver al asalto en el momento menos pensado. En las épocas de calma y de sosiego hemos de estar convencidos de que volverá la guerra al menos con mayor intensidad que antes. Es preciso vigilar alerta para no dejarnos sorprender.

      Esta vigilancia se ha de manifestar en la huida de todas las ocasiones más o menos peligrosas, o en la previsión de asaltos inesperados, en el dominio de nosotros mismos, particularmente del sentido de la vista y de la imaginación; en el examen preventivo, en la frecuente renovación del propósito firme de nunca más pecar, en combatir la ociosidad, madre de todos los vicios, y en otras cosas semejantes. Estamos en estado de guerra con el demonio, y no podemos abandonar nuestro puesto de guardia y centinela, si no queremos que se apodere por sorpresa, en el momento menos pensado, de la fortaleza de nuestra alma.

   b) Oración.- Pero  no bastan  nuestra vigilancia y nuestros esfuerzos. La permanencia en el estado de gracia, y, por consiguiente, el triunfo contra la tentación, requiere una gracia eficaz de Dios, que sólo puede obtenerse por vía de oración. La vigilancia más exquisita y el esfuerzo más tenaz resultarían del todo ineficaces sin la ayuda de la gracia de Dios. Con ella, en cambio, el triunfo es infalible. Esa gracia eficaz –como ya dijimos- escapa al mérito de justicia y a nadie se le debe estrictamente, si siquiera a los mayores santos. Pero Dios ha empeñado su palabra, y nos la concederá infaliblemente si se la pedimos con la oración revestida de las debidas condiciones. Ello pone de manifiesto la importancia excepcional de la oración de súplica. “El que ora se salva y el que no ora se condena”, decía con razón San Alfonso de Ligorio. Y para decidir ante la duda de un alma si había o no sucumbido a la tentación solía preguntarle simplemente: ”¿Hiciste oración pidiéndole a Dios la gracia de no caer?” Esto es profundamente teológico.   Por eso Cristo nos enseñó en el Padre nuestro a pedirle a Dios que “no nos deje caer en la tentación”.

   Y es muy bueno y razonable que en esta oración preventiva invoquemos también a María, nuestra buena Madre, que aplastó con sus plantas virginales la cabeza de la serpiente infernal, y a nuestro ángel de la guarda, uno de cuyos oficios principales es precisamente el de defendernos contra los asaltos del enemigo infernal.

2.- Durante la tentación.- La conducta práctica durante la tentación puede resumirse en una palabra: resistir. No basta mantener una actitud meramente pasiva (ni consentir ni dejar de consentir), sino que es menester una resistencia positiva la cual puede ser directa o indirecta.

   a).- Resistencia directa es la que se enfrenta con la tentación misma y la supera haciendo precisamente lo contrario de lo que ella sugiere. Por ejemplo: empezar a hablar bien de una persona cuando nos sentíamos tentados a criticarla, dar una limosna espléndida cuando la tacañería trataba de cerrarnos la mano para una limosna corriente, prolongar la oración cuando el enemigo  nos sugería acortarla o suprimirla, hacer un acto de pública manifestación de fe cuando el respeto humano trataba de atemorizarnos, etc. Esta resistencia directa conviene emplearla en toda clase de tentaciones, a excepción de las que se refieren a la fe o a la pureza, como vamos a decir enseguida.

   b).- Resistencia indirecta es la que no se enfrenta con la tentación, sino que se aparta de ella, distribuyendo la mente a otro objeto completamente distinto. Está particularmente indicada en las tentaciones contra la fe o la castidad, en las que no conviene la lucha directa, que quizá aumentaría la tentación por lo peligroso y resbaladizo de la materia. Lo mejor en estos casos es practicar rápida y enérgicamente, pero también con gran serenidad y calma, un ejercicio mental que absorba nuestras facultades internas, sobre todo la memoria y la imaginación, y las aparte indirectamente, con suavidad y sin esfuerzo, del objeto de la tentación. Por ejemplo: recorrer mentalmente la lista de nuestras amistades en tal población, los nombres de las provincias de España, el título de los libros que hemos leído sobre tal o cual asunto, etc.

   A veces la tentación no desaparece enseguida de haberla rechazado, y el demonio vuelve a la carga una y otra vez con incansable tenacidad y pertinacia. No hay que desanimarse por ello. Esa insistencia diabólica es la  mejor prueba de que el alma no ha sucumbido a la tentación. Repita su repulsa una y mil veces si es preciso con gran serenidad y paz, evitando cuidadosamente el nerviosismo y la turbación. Cada nuevo asalto rechazado es un nuevo mérito contraído ante Dios y un nuevo fortalecimiento del alma. El demonio, viendo su pérdida, acabará por dejarnos en paz, sobre todo si advierte que ni siquiera logra turbar la paz de nuestro espíritu.

   Conviene siempre, sobre todo si se trata de tentaciones muy tenaces y repetidas, manifestar lo que nos pasa al director espiritual. El Señor suele recompensar con nuevos y poderosos auxilios ese acto de humildad y sencillez, del que trata de apartarnos el demonio. Por eso hemos de tener la valentía y el coraje de manifestarlo sin rodeos, sobre todo cuando nos sintamos fuertemente tentados a callarlo. No olvidemos que tentación declarada está ya medio vencida.

   3).- Después de la tentación.- Ha podido ocurrir únicamente una de estas tres cosas: que hayamos vencido, o sucumbido, o tengamos duda e incertidumbre sobre ello.

   a) SI HEMOS VENCIDO y estamos seguros de ello, ha sido únicamente por la ayuda eficaz de la gracia de Dios. Se impone, pues, un acto de agradecimiento sencillo y breve, acompañado de una nueva petición del auxilio divino para otras ocasiones. “Gracias Señor, a Vos os lo debo todo; seguid ayudándome en todas las ocasiones peligrosas y tened piedad de mí”.

   b) SI HEMOS CAIDO y no nos cabe la menor duda de ello, no nos desanimemos jamás. Acordémonos de la infinita misericordia de Dios y del recibimiento que hizo al hijo pródigo, y arrojémonos llenos de humildad y arrepentimiento en sus brazos de Padre, pidiéndole entrañablemente perdón y prometiendo con su ayuda nunca más volver a pecar. Si la caída hubiera sido grave, no nos contentemos con el simple acto de contrición; acudamos cuanto antes al tribunal de la penitencia y redoblemos nuestra vigilancia e intensifiquemos nuestro fervor con el fin de que nunca se vuelva a repetir.

   c) SI QUEDAMOS CON DUDA sobre si hemos o no consentido, no nos examinemos minuciosamente y con angustia, porque tamaña imprudencia provocaría otra vez la tentación y aumentaría el peligro. Dejemos pasar un cierto tiempo, y cuando estemos del todo tranquilos, el testimonio de la propia conciencia nos dirá con suficiente claridad si hemos caído o no. En todo caso conviene hacer un acto de perfecta contrición y manifestar al confesor, llegada su hora, lo ocurrido en la forma que esté en nuestra conciencia o, mejor aún, en la presencia misma de Dios.


   Teología de la Perfección Cristiana Antonio Royo Marín

jueves, 8 de septiembre de 2016

Solemnidad de San Pío X 2016: R. P. HUGO RUÍZ

LOS PEQUEÑOS SACRIFICIOS ALIVIAN LOS SUFRIMIENTOS DE NSJ




 Nuestro Señor reveló un día a Santa Gertrudis el íntimo consuelo que experimentó y aún experimenta con los más pequeños sacrificios de sus fieles.

  “Cuando un hombre busca los intereses de otro con preferencia a los suyos, me repara de la cautividad que sufrí la mañana de mi Pasión, en que fui preso, maniatado y cruelmente atormentado por la salvación del mundo.

  Cuando humildemente se reconoce culpable de alguna falta, me consuela del juicio que sufrí al punto de la mañana, cuando fui acusado por falsos testigos y condenado a muerte.

  Cuando rehúsa a sus sentidos las satisfacciones que piden, me repara de la flagelación que padecí hacia la hora tercia.

  Obedeciendo a un superior riguroso suaviza los dolores de mi corona de espinas.

  Cuando, tras haber borrado una injuria, se adelanta a una reconciliación, sostiene mi cuerpo doblegado bajo el peso de la cruz.

  Cuando, va más allá de sus fuerzas para extender su caridad al mayor número posible, alivia mis miembros extendidos sobre el árbol de la cruz.

  Si,  para prevenir un pecado, afronta las molestias y los reproches, se muestra reconocido a la muerte que yo sufrí por la salvación de los hombres.

  Cuando responde con humildad a los reproches que se le dirigen, parece de alguna manera bajarme dela cruz.

  Al preferir a su prójimo, juzgándole más digno que él de los honores y de los bienes, rinde homenaje  a mi sepultura”.

  El holocausto de los justos encierra una belleza y, por lo mismo, un valor expiatorio que en vano buscaríamos en el castigo de los culpables. No es que Dios se complazca cruelmente en considerar, desde el seno de su felicidad, los tormentos de sus amigos más queridos; sino que, mientras el castigo del culpable no es más que la respuesta necesaria de la justicia violada, el sufrimiento ofrecido en sacrificio por el inocente queda iluminado por un amor heroico y puro que conmueve el corazón de Dios. Porque en el camino del Calvario, el divino Maestro se ha visto rodeado de innumerables Verónicas; era la muchedumbre de cristianos generosos del futuro que se unirían a sus sufrimientos expiatorios y cuya clara visión ya entonces le confortaba.

  “¿No sabes, hija mía, decía Dios a Santa Catalina de Sena, que cuantas penas puede el alma sufrir en esta vida, no bastan a castigar ni la más pequeña falta? La ofensa que se me hace a mí, bien infinito, reclama una satisfacción infinita. Por eso quiero que sepas que todas las penas de esta vida no son un castigo, sino una corrección… Se expían con el deseo del alma”.

  La llama del amor, y no el sufrimiento, por sí mismo impotente, es la que eleva hacia Dios el rescate victorioso del mal.

  Con esto, todo cristiano puede comprender que está en su mano encender el fuego del sacrificio expiatorio. Ante él se abre el campo ilimitado de la humanidad malvada y corrompida: ¡los millones de almas que Dios ama infinitamente, que ha creado para que le bendigan, que ha rescatado con su propia sangre, y que andan sublevadas, rabiosas o hurañas contra Él! ¿Quién sabría calcular lo que una jornada ordinaria acumula de pecados; lo que una hora, sobre todo en una gran ciudad, cuando la noche arroja sus sombras y comienza la hora que el Divino Maestro llama el poder de las tinieblas, lo que una hora nocturna nada más engendra de malos deseos, bajas pasiones, licencias, escándalos y ofensas contra la majestad divina? Causa horror pensarlo. Dios ve directamente, sin error ni confusión, el mal innumerable; siente la violación de sus derechos. Por un acto de virtud, se cometen miles de actos execrables.

  Pero basta una pequeña luz para romper las tinieblas, basta una estrella para deshacer la noche, basta una flor para perfumar la buhardilla de un desgraciado. Por eso, perdonará a la Magdalena toda una juventud de vergüenzas y suciedades, porque en el corazón de la pecadora late un sentimiento de amor. Perdonará al pródigo, aún antes de que haya tenido tiempo de balbucir su pesar, porque el hijo se ha dicho: Iré a mi padre. Perdona a diario a innumerables pecadores su vida de pecados y odios; y, cuando sólo les queda el último aliento, arrebatan el paraíso eterno, porque han tenido una chispa de confianza y caridad sincera… ¡Pero con cuánta más alegría se dejará conmover la Bondad infinita por el alma fiel, que le demuestra su perseverante amor y se inmola en unión con Jesús!

  Ahora se desprende en toda su amplitud el papel sin igual que puede desempeñar en su vida diaria el más humilde cristiano. ¡Qué maravilla! En manos del más humilde está que broten torrentes de luz en la noche del mal, bañado él mismo por la luz de la virtud y sobre todo del espíritu de sacrificio. En sus manos está multiplicar los llamamientos de la misericordia, encendiendo hogares de belleza moral en este mundo pervertido. En sus manos está atraer, más rica de perdón, la gracia divina. Su vida puede consumirse como un cirio de purísima cera ante el Señor. Si ha comprendido el secreto de su poder, el cristiano dejará de sentirse pusilánime.  ¿Se quejará todavía de tener que soportar la prueba? ¿Refunfuñará todavía contra las pretendidas injusticias de la Providencia? ¿Envidiará todavía a los que parecen exentos de los males de esta vida? ¡Qué le importa si los demás, menos merecedores, parecen privilegiados! ¿No posee él un bien incomparablemente más precioso que la felicidad terrena y las estériles prosperidades?... Por lo que a él toca, colabora en el holocausto del Justo por excelencia. Las amarguras de su suerte le llevan el testimonio de la elección divina, y, de rodillas, agradece al Señor el insigne honor de la prueba. Ya pueden llover sobre él incomprensibles desastres, la Providencia le parecerá siempre Providencia de amor.             

lunes, 5 de septiembre de 2016

MONS FELLAY INGENUIDAD O COMPLICIDAD



Extracto de la conferencia de Mons Fellay sobre las relaciones con Roma. (24/08/16)
SYLLABUS


"¿Qué es lo que Roma nos ofrece? Un primer punto es que no estaremos bajo los obispos, ¿han visto lo que le pasó a San Pedro y las otras? Están completamente bloqueadas porque están completamente en las manos de los obispos. Y de hecho Roma nos está ofreciendo un nuevo cuerpo con un obispo a la cabeza, este obispo escogido por el papa, de tres nombres presentados por la Fraternidad y tomados de la Fraternidad. Este obispo tendrá autoridad sobre los sacerdotes, los religiosos que quieran ser miembros, y sobre los fieles. Todos los fieles que pertenezcan a este cuerpo tendrán el derecho estricto de recibir todos los sacramentos de los sacerdotes de la Fraternidad. Todos los sacramentos, matrimonio incluido. El Obispo tendrá derecho a tener escuelas, seminarios, religiosos, incluso fundar nuevas congregaciones religiosas. Y aceptar a aquellos que quieran unirse. Es como una súper diócesis."
"En otras palabras, para ustedes no hay cambio. Únicamente que estarán reconocidos como católicos"
"Entonces hay que permanecer prudentes. Pero ustedes no se pueden imaginar nada mejor que lo que se ofrece. No pueden pensar que es una trampa. No es una trampa. Si alguien nos ofrece algo como esto únicamente es porque quiere el bien para nosotros. 

Porque quiere el bien de la Tradición.  Es imposible pensar que tal cosa sea hecha por enemigos. [¿¿??] Los enemigos tienen muchas otras maneras pero no esta."
"Ustedes dirán ¿entonces por qué no acepta? Bueno, necesito estar seguro que esto es verdad."

Monseñor Lefebvre fundador de la FSSPX pensaba muy diferente a mons Fellay, sin embargo en la Nueva FSSPX usan su fama y nombre para enmascarar una gran traición. Palabras de mons Lefebvre:

Falsa caridad
Y nosotros no debemos vacilar por ningún momento, en no estar con los que están en el proceso de traicionarnos. Algunas personas siempre están admirando la hierba en el jardín del vecino. En vez de mirar a sus amigos, a los defensores de la Iglesia, a los que luchan en el campo de batalla, ven a nuestros enemigos en el otro lado. "Después de todo, hay que tener caridad, debemos ser amables, no deben causar divisiones, después de todo, que están celebrando la misa tridentina, que no son tan malos como todo el mundo dice" -, pero están traicionándonos, traicionándonos! Ellos se dan la mano con los destructores de la Iglesia. Ellos se dan la mano con las personas que llevan a cabo las ideas modernistas y liberales condenadas por la Iglesia. Por lo que están haciendo el trabajo del diablo. 
( "Dos años después de las consagraciones"
Monseñor Lefebvre, 6 de septiembre de 1990)

La ilusión de hacer el bien
"Conseguir entrar a la iglesia, ¿qué significa eso? Y en primer lugar, de ¿qué iglesia estamos hablando? Si se trata de la iglesia conciliar, ¿deberíamos nosotros entonces, que hemos luchado contra ella durante veinte años, porque amamos a la Iglesia Católica, volver a la iglesia conciliar supuestamente para hacerla CATÓLICA? Esta es una total ilusión!
NO CAMBIAN los inferiores a los superiores, pero son los SUPERIORES que cambian a los inferiores ". (Fideliter Nº 70 de julio-agosto de 1989)

Sacerdotes bastardos
Todos estos Papas han resistido a la unión de la Iglesia con la revolución; se trata de una unión adúltera y de esa unión sólo pueden venir bastardos. El rito de la nueva misa es un rito bastardo, los sacramentos son sacramentos bastardos. Ya no sabemos si son sacramentos que dan gracia o no dan la misma. Los sacerdotes que salen de los seminarios son sacerdotes bastardos que no saben lo que son.
(Carta abierta a los Católicos, p. 128)

Es por lo tanto un estricto deber para todo sacerdote que quiera permanecer católico, el separarse a sí mismo, de esta iglesia conciliar, por tanto tiempo, mientras ellos no redescubran la tradición de la Iglesia y la Fe Católica.
(Arzobispo Lefebvre, Itinerario Espiritual p. 13)

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Mons Fellay y la cúpula de la FSSPX desde 2012 han enseñado sus verdaderas intenciones, la "tristemente célebre declaración doctrinal" de mons Fellay, nunca retractada, es una traición a la lucha antiliberal de Mons. Lefebvre y de los papas antiliberales, aceptar el 95% del Vaticano II, en cuyo contenido se "legalizan" herejías, es una traición al catolicismo. 

Para quienes creen que el Concilio Vaticano II es bueno o no tan malo pueden leer: ERRORES DEL CONCILIO VATICANO II


He aquí al texto integral de la Declaración Doctrinal como fue presentada a Roma por Mons. Fellay el 15 de Abril 2012 *[Tomada de Sacerdos]:

DECLARACIÓN DOCTRINAL
I.   Prometemos ser siempre fieles a la Iglesia Católica y al Romano Pontífice, su Pastor Supremo, Vicario de Cristo, sucesor de Pedro y cabeza del Cuerpo Episcopal.

II.  Declaramos aceptar las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia en materia de fe y moral, dando a cada afirmación doctrinal el grado de adhesión requerido, de acuerdo a la enseñanza contenida en el no. 25 de la Constitución Dogmática Lumen gentium del Concilio Vaticano II. (Cf. también la nueva fórmula de Profesión de Fe y el Juramente de Fidelidad al Asumir un Oficio a ser ejercido en Nombre de la Iglesia, 1989: cf. CIC cánones 749; 750 §1 y §2: 752: CCEO cánones 597: 598 §1 y §2; 599).

III.                En particular:
1. Declaramos aceptar la doctrina sobre el Romano Pontífice y el Colegio de Obispos, con su cabeza, el Papa, enseñado por la Constitución Dogmática Lumen gentium del Concilio Vaticano II, capítulo III (De constitutione hierarchica Ecclesiae et in specie de Episcopatu), como es explicado e interpretado por la Nota explicativa praevia del mismo capítulo.

2. Reconocemos la autoridad del Magisterio, al cual únicamente se le ha confiado la tarea de interpretar auténticamente la Palabra de Dios, sea escrita o transmitida, (Cf. Pío XII, Carta Encíclica Humani Generis, Denz. 3886.) en fidelidad a la Tradición, recordando que “El Espíritu Santo no fue prometido a los sucesores de Pedro para que pudieran, por su revelación, dar a conocer una nueva doctrina, sino para que con su asistencia, ellos puedan guardar religiosamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los apóstoles, i.e., el depósito de la fe.” (Vaticano I. Constitución Dogmática Pastor Aeternus, Denz. 3070)
3.       Tradición es la transmisión viviente de la Revelación “usque ad nos” (Concilio de Trento. Denz. 1501: “Esta verdad e instrucción [que] están contenidas en los libros escritos y en las tradiciones no escritas, que han sido recibidas de los apóstoles de la boca de Cristo En Persona, o de los mismos apóstoles, al dictado del Espíritu Santo, han llegado incluso a nosotros.”) y la Iglesia en su doctrina, vida, y culto, perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que Ella es y todo lo que Ella cree. La Tradición progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo, (Cf. Concilio Vaticano II. Constitución Dogmática Dei Verbum, 8 y 10; Denz. 4209-4210.) no por una innovación contraria (Cf. Concilio Vaticano I. Constitución Dogmática Dei Filius. Denz. 3020: “Por lo tanto, también, el entendimiento de sus sagrados dogmas debe ser perpetuamente retenido, lo que la Santa Madre Iglesia una vez declaró; y nunca debe haber recesión de ese significado bajo un nombre especioso de un entendimiento más profundo. Por lo tanto que el entendimiento, el conocimiento y sabiduría de los individuos como de todos, de un hombre como de toda la Iglesia, crezcan y progresen fuertemente con el paso de las eras y los siglos: pero que sea solamente en su propio género, a decir en el mismo dogma con el mismo sentido y el mismo significado.” (San Vicente de Lerins. Commonitorio. 23.3 [n.28]) pero para una mejor comprensión del depositum Fidei. (Cf. Vaticano I. Constitución Dogmática Dei Filius. Denz. 3011; Juramento Antimodernista, no. 4; Pío XII. Carta Encíclica Humani Generis. Denz. 3886: Concilio Vaticano II. Constitución Dogmática Dei Verbum. 10. Denz. 4213)

4.  Toda la Tradición de la fe Católica debe ser el criterio y guía para la comprensión de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, que a su vez aclara el Concilio, es decir, se profundiza y se hace más explícito con el tiempo— algunos aspectos de la vida y doctrina de la Iglesia que están implícitamente presentes o aún no formulados conceptualmente. (Como por ejemplo: la enseñanza sobre la sacramentalidad del episcopado en Lumen gentium, 21)
5.       Los enunciados del Concilio Vaticano II y el subsecuente Magisterio papal relativos a la relación de la Iglesia Católica y las confesiones no-Católicas Cristianas, y también, del deber cívico de religión y el derecho a la libertad religiosa, cuya formulación es difícil de reconciliar con los enunciados doctrinales precedentes del Magisterio; deben ser entendidos a la luz de una toda e ininterrumpida Tradición, de una manera consistente con las verdades previamente enseñadas por el Magisterio de la Iglesia, sin aceptar alguna interpretación de estos enunciados que pueda llevar a la presentación de la doctrina Católica como opuesta o que rompe con la Tradición y con ese Magisterio.

6.       Por esta razón es legítimo promover, a través de una discusión legítima, el estudio y explicación teológica de las expresiones o formulaciones del Concilio Vaticano II y del Magisterio subsecuente, si parecen irreconciliables con el Magisterio previo de la Iglesia. (Encontramos un paralelo en la historia con el Decreto de los Armenios, en el Concilio de Florencia, en el cual la presentación o los instrumentos se indicaron como la materia del Sacramento de Santas Órdenes. Sin embargo, aun después de ese Decreto, teólogos discutieron legítimamente la exactitud de tal afirmación. Finalmente, la pregunta fue resuelta de otra manera por el Papa Pío XII.)

7.       Declaramos reconocer la validez del Sacrificio de la Misa y de los Sacramentos cuando son celebrados con la intención de hacer lo que la Iglesia hace de acuerdo a los ritos indicados en las típicas ediciones del Misal Romano y de los Rituales de Sacramentos legítimamente promulgados por los Papas Paulo VI y Juan Pablo II.

8.   Siguiendo el criterio enunciado arriba (III, 5), así como el canon 21 del Código, prometemos respetar la disciplina común de la Iglesia y las leyes eclesiásticas, especialmente de aquellas contenidas en el Código de Derecho Canónico, promulgado por el Papa Juan Pablo II (1983) y en los Códigos Canónicos de las Iglesias Orientales, promulgados por el mismo Pontífice (1990), sin ningún prejuicio a la disciplina por conceder a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X  por una ley en particular.

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En su Declaración Doctrinal (DD), Mons. Fellay quitó sólo un pasaje y una nota, del Párrafo III, no. 2, del Preámbulo Doctrinal del Cardenal Levada (DP1):

     el texto: como el Catecismo de la Iglesia Católica lo muestra (cf. nn. 813-822; 2104-2109).
     la nota al final del párrafo tomada de la carta de Paulo VI Cum Jam, fechada el 21 de Septiembre de 1966, en AAS 58 (1966) 879, en la cual el Papa pidió por ver la doctrina del Concilio Vaticano II en continuidad con el Magisterio precedente.
Aparte de eso, ¡el resto del texto del Preámbulo del Cardenal Levada se mantuvo!

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Mons. Fellay buscaba un reconocimiento o prelatura desde el 2012, y a escondidas, esto se puede visualizar con su carta a Benedicto XVI:


A Su Santidad el Papa Benedicto XVI.
Santísimo Padre,
          Usted me ve confundido, en el momento en que le tocan rudas pruebas y respecto de las cuales le aseguro mis pobres oraciones, de presentarle un problema suplementario más que consolaciones.
En efecto, el miércoles 13 de junio por la tarde, el Cardenal Levada me entregó, durante un encuentro que fue cordial, una declaración doctrinal que yo no podré firmar. No tomando en cuenta la súplica de no retocar la proposición que yo había entregado, a causa de las consecuencias que esto acarrearía, el nuevo texto retoma casi todos los puntos del Preámbulo de septiembre de 2011 que planteaba dificultades y que me vi forzado a descartar.

      Desgraciadamente, en el contexto actual de la Fraternidad, la nueva declaración no pasará.

     Reconozco no saber que pensar. Creí comprender que usted estaba dispuesto a dar largas la resolución de los desacuerdos todavía en curso sobre cierto puntos del Concilio y de la reforma litúrgica, un poco como en el Concilio de Florencia se pasó por alto la cuestión del divorcio por causa de adulterio con los griegos para llegar a pesar de todo a la unión, y yo me comprometí en esta perspectiva a pesar de la oposición bastante fuerte en las filas de la Fraternidad y al precio de trastornos importantes. Y tengo toda la intención de continuar haciendo todos mis esfuerzos para proseguir por este camino con el fin de llegar a las clarificaciones necesarias.

    Ahora parece que me equivoqué y que verdaderamente se pide la aceptación total de los puntos litigiosos antes de ir más adelante… Si alguna de mis recientes declaraciones añaden una nueva dificultad, lo lamento, pero fue también por razón de claridad.

       Además, vista la oposición masiva que se prepara en ciertos medios de la Iglesia que piensan volver imposible la actividad de la nueva prelatura, vista la presión incluso de ciertos Estados, me pregunto cómo el proyecto podrá ser realizado en estas circunstancias.

     Me parece que solamente usted puede todavía cambiar el curso de los acontecimientos que se perfilan. Evidentemente no se trata por mi parte de ejercer cualquier presión, sino simplemente de exponerle los hechos y de saber si me equivoco en cuanto a sus intenciones sobre nuestra situación. Si usted lo considera oportuno, en este momento tan delicado, me atrevo a pedir de vuestra bondad una audiencia (lo más discreta posible) a fin de escuchar de vuestra boca vuestra apreciación respecto de nosotros.

              Dígnese Vuestra Santidad en creer en mi devoción filial y en mi deseo más caro de servir a la santa Iglesia.
Menzingen, domingo 17 de junio de 2012
+Bernard Fellay




En el contexto del 2012 la declaración doctrinal no pasó, pero ¿ahora?, que en la FSSPX ya no hay quien levante la voz si ¿pasará?

Incluso hay otra Cruzada de Rosarios para pedir a Nuestra Señora que se defina que hacer. Involucrar a la Santísima Virgen en aceptar o no una prelatura de los modernistas no tiene calificativo.

Para quienes NO CREAN que es una obligación de todo católico de luchar por nuestra Santa Madre Iglesia, contra el error y herejías, contra modernistas y traidores dejamos extractos de San Pío X.

"Están, pues, gravemente equivocados los que creen posible y esperan para la Iglesia un estado permanente de plena tranquilidad, de prosperidad universal, y un reconocimiento práctico y unánime de su poder, sin contradicción alguna; pero mucho peor es el error de aquellos que se engañan pensando que alcanzarán esa paz efímera mediante la disimulación de los derechos e intereses de la Iglesia, sacrificándolos a intereses privados, disminuyéndolos injustamente, complaciendo al mundo, “que está todo puesto bajo el maligno” (1 Jn. 5, 19), con el pretexto de captar la simpatía de los fautores de novedad y atraerlos a la Iglesia, como si fuera posible una composición o acuerdo entre la luz y las tinieblas, entre Cristo y Belial."

 “Son éstos, sueños de enfermos, alucinaciones que siempre han ocurrido y ocurrirán mientras haya soldados cobardes, que arrojen las armas a la sola presencia del enemigo, o traidores que pretendan a todo costo hacer las paces con el enemigo, que es el enemigo irreconciliable de Dios y de los hombres”.  (Papa San Pío X, Encíclica Communium Rerum, del 21 de abril de 1909).



 
Carta Encíclica Pascendi
Del Sumo Pontífice San Pío X:

Al oficio de apacentar la grey del Señor que nos ha sido confiada de lo alto, Jesucristo señaló como primer deber el de guardar con suma vigilancia el depósito tradicional de la santa fe, tanto frente a las novedades profanas del lenguaje como a las contradicciones de una falsa ciencia. No ha existido época alguna en la que no haya sido necesaria a la grey cristiana esa vigilancia de su Pastor supremo; porque jamás han faltado, suscitados por el enemigo del género humano, «hombres de lenguaje perverso»(1), «decidores de novedades y seductores»(2), «sujetos al error y que arrastran al error»(3).

Gravedad de los errores modernistas
1. Pero es preciso reconocer que en estos últimos tiempos ha crecido, en modo extraño, el número de los enemigos de la cruz de Cristo, los cuales, con artes enteramente nuevas y llenas de perfidia, se esfuerzan por aniquilar las energías vitales de la Iglesia, y hasta por destruir totalmente, si les fuera posible, el reino de Jesucristo. Guardar silencio no es ya decoroso, si no queremos aparecer infieles al más sacrosanto de nuestros deberes, y si la bondad de que hasta aquí hemos hecho uso, con esperanza de enmienda, no ha de ser censurada ya como un olvido de nuestro ministerio. Lo que sobre todo exige de Nos que rompamos sin dilación el silencio es que hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados.

Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre.

2. Tales hombres se extrañan de verse colocados por Nos entre los enemigos de la Iglesia. Pero no se extrañará de ello nadie que, prescindiendo de las intenciones, reservadas al juicio de Dios, conozca sus doctrinas y su manera de hablar y obrar. Son seguramente enemigos de la Iglesia, y no se apartará de lo verdadero quien dijere que ésta no los ha tenido peores. Porque, en efecto, como ya hemos dicho, ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia. Añádase que han aplicado la segur no a las ramas, ni tampoco a débiles renuevos, sino a la raíz misma; esto es, a la fe y a sus fibras más profundas. Mas una vez herida esa raíz de vida inmortal, se empeñan en que circule el virus por todo el árbol, y en tales proporciones que no hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper. Y mientras persiguen por mil caminos su nefasto designio, su táctica es la más insidiosa y pérfida. Amalgamando en sus personas al racionalista y al católico, lo hacen con habilidad tan refinada, que fácilmente sorprenden a los incautos. Por otra parte, por su gran temeridad, no hay linaje de consecuencias que les haga retroceder o, más bien, que no sostengan con obstinación y audacia. Juntan a esto, y es lo más a propósito para engañar, una vida llena de actividad, constancia y ardor singulares hacia todo género de estudios, aspirando a granjearse la estimación pública por sus costumbres, con frecuencia intachables. Por fin, y esto parece quitar toda esperanza de remedio, sus doctrinas les han pervertido el alma de tal suerte, que desprecian toda autoridad y no soportan corrección alguna; y atrincherándose en una conciencia mentirosa, nada omiten para que se atribuya a celo sincero de la verdad lo que sólo es obra de la tenacidad y del orgullo.

A la verdad, Nos habíamos esperado que algún día volverían sobre sí, y por esa razón habíamos empleado con ellos, primero, la dulzura como con hijos, después la severidad y, por último, aunque muy contra nuestra voluntad, las reprensiones públicas. Pero no ignoráis, venerables hermanos, la esterilidad de nuestros esfuerzos: inclinaron un momento la cabeza para erguirla en seguida con mayor orgullo. Ahora bien: si sólo se tratara de ellos, podríamos Nos tal vez disimular; pero se trata de la religión católica y de su seguridad. Basta, pues, de silencio; prolongarlo sería un crimen. Tiempo es de arrancar la máscara a esos hombres y de mostrarlos a la Iglesia entera tales cuales son en realidad.

3. Y como una táctica de los modernistas (así se les llama vulgarmente, y con mucha razón), táctica, a la verdad, la más insidiosa, consiste en no exponer jamás sus doctrinas de un modo metódico y en su conjunto, sino dándolas en cierto modo por fragmentos y esparcidas acá y allá, lo cual contribuye a que se les juzgue fluctuantes e indecisos en sus ideas, cuando en realidad éstas son perfectamente fijas y consistentes; ante todo, importa presentar en este lugar esas mismas doctrinas en un conjunto, y hacer ver el enlace lógico que las une entre sí, reservándonos indicar después las causas de los errores y prescribir los remedios más adecuados para cortar el mal.

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Los Modernistas, «hombres de lenguaje perverso», «decidores de novedades y seductores», «sujetos al error y que arrastran al error». Encíclica publicada en 1907. ¿Mons Fellay la habrá leído? Con éstos hombres perversos hizo acuerdo, concesiones doctrinales y ha buscado una prelatura... Sobre la ingenuidad o complicidad, usted fino lector saque sus conclusiones.


¡Oh, Cristianos! Tiempo es de defender a vuestro Rey y de acompañarle en tan grande soledad, que son muy pocos los vasallos que le han quedado y mucha la multitud que acompaña a Lucifer; y lo que es peor, es que se muestran amigos en lo público y véndenle en lo secreto; casi no se halla de quien fiar”. Santa Teresa de Jesús