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miércoles, 20 de septiembre de 2017

ERRORES DE LOS OBISPOS WILLIAMSON, ZENDEJAS, FAURE (FALSA RESISTENCIA) 1a Parte


(EXTRACTOS DE LA CONFERENCIA)

La batalla de la Resistencia es una batalla de la Fe.  ¿Por qué somos Católicos Tradicionales? San Pablo dice: he transmitido lo que recibí. Tenemos que transmitir la Fe que recibimos sin adiciones, sin supresiones, sin alteraciones. El Concilio Vaticano II es una alteración oficial de la fe hecha por la iglesia conciliar. Ellos mismos se auto llamaron la iglesia conciliar. Esta iglesia es diferente de la que fundó nuestro Señor Jesucristo, está centrada en el hombre. La Iglesia que nuestro Señor fundó está centrada en adorar a Dios, aleja a las almas  del infierno.

  El único medio de salvación es el cuerpo místico de nuestro Señor Jesucristo, y puesto que nuestro Señor Jesucristo es la Verdad,  Él  mismo dijo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida,  es así que la Verdad es nuestro Señor Jesucristo, y su Cuerpo místico que representa  a Jesucristo debe ser el Camino,  el único camino que conduce al Cielo, la Verdad, que es la expresión de la verdad completa de nuestro Señor sin alteración, la Vida, la única manera de vivir fuera del pecado y evitar el infierno es por el Cuerpo Místico de Jesucristo.

  El Vaticano II tiene documentos que van contra la enseñanza de la Iglesia en los cuales dicen que sí hay otro camino: el ecumenismo; que hay otra verdad: la libertad religiosa; y por supuesto otra vida fuera del Cuerpo místico de Cristo y fuera de la Tradición.

  Monseñor Lefebvre se levantó contra los errores del Vaticano II para mantener la Tradición. Fundó la Fraternidad San Pío X. Puesto que la mayoría de la iglesia tomó la dirección de la iglesia conciliar alejando a las almas de Dios, se hizo un estado de grave necesidad, de crisis en la iglesia.

  En  2012 la Fraternidad cambió su actitud frente a Roma, y Monseñor Fellay comenzó a decir que Roma estaba cambiando su actitud respecto a ellos. El problema esencial es que comenzaron a cambiar la doctrina.  En 2012 la FSSPX a través de la declaración doctrinal estableció que el ecumenismo y la libertad religiosa son una dificultad reconciliable con la Tradición. Esto es un error pues el ecumenismo y la libertad religiosa son contrarios a la Fe. 

También en 2012 la FSSPX bajo seis condiciones se obligó a si misma a hacer un acuerdo con Roma modernista. La primera condición es contraria a la Fe y es pedir la libertad para criticar personas y novedades y  la libertad para profesar la Fe. Profesar la Fe es una obligación, no es un derecho, y puesto que es una obligación, el católico que pide el derecho de ser católico y la libertad para ser católico renuncia a su Fe.   San Pío X dice que si alguien hace de la Fe católica una opción, la hace un asunto de un derecho, está dejando la Fe en la puerta.

  El propósito de la FSSPX es mantener la Fe Católica Romana sin alteración. La alteración en este caso es la aceptación del Vaticano II a la luz de la tradición, la aceptación de la nueva misa como válida y legítimamente promulgada.

  Ahora veamos la crisis visible en la Resistencia que inició en noviembre-diciembre 2014. Al principio estábamos todos trabajando juntos, Monseñor Williamson, Padre Chazal, Padre Hewko. ¿Cuál era la fuente de esta unidad? Hubo una fuente negativa de unidad que es el trabajar contra Monseñor Fellay en su movimiento hacia Roma, contra Vaticano II y la misa nueva. La unidad positiva consiste en ser católicos y defender la fe contra todo aquello que esta en su contra.

Entonces ¿que paso? Monseñor Williamson (Noviembre 2014) comenzó a decir públicamente que puede haber gracia en la misa nueva. Yo mismo [R.P.Pfeiffer] le dije a mons. Williamson que no podía decir eso, que era incorrecto, fui acusado de criticar a mons Wiliamson, yo sólo dije lo que el dijo públicamente. Mas tarde en junio de 2015 repitió lo mismo, que si hay gracia en la misa nueva, esto mismo lo repitió después en múltiples comentarios Eleison. Esto que ha dicho mons Wiliamson va en contra de lo enseñado por el arzobispo Lefebvre, si fuera cierto lo dicho por Williamson, tendríamos que unirnos a la iglesia conciliar y esperar mejores tiempos.

Tenemos que ver si el Vaticano II es un problema esencial o es un problema  secundario. En nuestra batalla con el Vaticano II hay niveles de problemas secundarios, algunos son más serios que otros; pero la iglesia conciliar es un problema esencial, el Vaticano II y la misa nueva son problemas esenciales.

Si yo estoy convencido de que el Vaticano II es un problema esencial y alguien me dice que no hay ningún problema no le voy a creer; si alguien me dice que asistiendo a la misa nueva me voy a salvar, no le voy a creer, porque   yo sé que el Vaticano II lleva al infierno y que está lleno de herejías.  Entonces, mejor me dicen que no hay ningún problema con el Vaticano II ni con la nueva misa, que porque el problema está afuera del Vaticano II y afuera de la misa nueva. Así las personas tendrían que dejar de pensar que estos son problemas esenciales, para después pensar que son problemas secundarios y finalmente pensar que en realidad ni son problemas, para luego decir que hay la obligación de obedecer. Así que todo error sigue estos pasos.

Por ejemplo, en el siglo XVII los protestantes  estaban tan  horrorizados con la idea del  ecumenismo tanto como los católicos, pues ellos pensaban que formaban parte de la religión católica.   Tomó tiempo para que este error siguiera la ruta que señalamos, hasta que llegó a convertirse en un asunto de ley, para ahora decir que todas las religiones están bien, y quien no acepte esto puede ir a prisión. De ser un problema esencial pasó a un problema secundario, después a no ser ningún problema para después convertirse en un asunto de ley; este es el modo como el ecumenismo y todos los errores se comportaron.

Aplicado al asunto de la Resistencia, Monseñor Williamson, cambió  Vaticano II y la misa nueva de ser un  problema esencial a un problema muy serio pero secundario.  Monseñor Williamson está  conduciendo las mentes de las almas de la Resistencia a la idea  que la nueva misa y el Vaticano II aún son malos, dañinos, pero que son un problema secundario. 

Esta es la nueva visión que tienen los que llamamos “falsa Resistencia”, sobre la nueva misa y Vaticano II. Monseñor Wiliamson dice que la nueva religión puede ayudar a vivir tu fe, pero no dice que la nueva religión  es buena. El problema de Vaticano II es ambiguo dice, esto es falso. Vaticano II es erróneo y también tiene cosas ambiguas. Si vamos a decir que Vaticano II es ambiguo, eso significa que no va más allá que ambiguo.

   Debemos decir que Vaticano II es falso, es erróneo y es herético y no que es ambiguo, pues es mucho más que eso.  El obispo Zendejas dice la misma  cosa. Dijo en el blue paper 300 que el problema del Vaticano II es que es ambiguo. No sólo es ambiguo es erroneo. Se le preguntó: ¿Hay fe en la iglesia conciliar? Sí hay contestó. Es un deber del obispo señalar el peligro, estos cambios no son cambios secundarios. Cuando decimos que un problema esencial es ahora un problema secundario, va a significar que es  ya no es nuestro objetivo principal. Entonces, ¿cuál va a ser el objetivo principal?

Por ejemplo, un sacerdote me llegó a decir que no hay diferencias sustanciales entre los sedevacantes y los no sedevacantes, porque lo que importa es el nivel de moral, ir a la misa en latín, rezar el Rosario, ser espiritual; que estas son cosas esenciales y que los dogmas, la libertad religiosa, el ecumenismo, Vaticano II, la misa nueva,  son asuntos secundarios, y que lo principal es la moral. Esto es falso. San Atanasio en el credo de San Atanasio dice que ningún hombre puede salvarse a menos que acepte la Fe total y completa.

   Debemos creer toda la enseñanza de la Fe. Monseñor Williamson enseña que la misa nueva no es muy buena, la nueva misa todavía no me gusta, Vaticano II no es muy bueno, no me gusta, que el problema es la ambigüedad del Concilio, que aún hay bien en el Concilio, que aún hay bien en la misa nueva… por supuesto que hay muchas personas maravillosas en la nueva misa, muchos sacerdotes maravillosos, muchos fieles maravillosos que van a estar en el cielo cuando mueran y que muchos católicos tradicionales pueden ir  al infierno cuando mueran; sin embargo, sólo aquellos que sigan la doctrina católica tradicional de la Iglesia van a salvarse.

  El obispo Faure defiende a Monseñor Williamson, y esto es dañino para las almas. En St Marys Kansas en el 2015 dijo que está de acuerdo con Monseñor Williamson cuando habló de  milagros en la misa nueva, yo mismo hablé con él en India y habló de los milagros en la misa nueva. Esto no puede ser  verdad, ya que los milagros vienen de Dios con el propósito de CONFIRMAR en la Fe y estos falsos milagros vienen del demonio para alejar a las almas de la Fe. Sabemos que en tiempo del Anticristo habrá muchos falsos milagros, para engañar si fuera posible incluso a los elegidos. Estos falsos milagros confirmarían lo bueno de la misa nueva, llevaría las almas a esa misa, confirmaría lo bueno de la nueva iglesia,  conducirían a las almas a creer que la nueva iglesia no es tan mala.

 Como  Católicos sabemos que  el error en doctrina es infinitamente peor que el error en moral. Ahora encontramos sacerdotes católicos de la Tradición que dicen que primero deben enseñar moral y luego hablar del Vaticano II. Esto es falso. Debido a las herejías del Vaticano II la gente vive inmoralmente. Por lo tanto hay que señalar esas herejías, ahí está la causa. Si quitamos las herejías vamos a quitar la inmoralidad.

  Monseñor Faure, además,  defiende el caso del Padre Abraham. El Padre Abraham admitió que es culpable, que tiene el problema de pedofilia y homosexualidad. Fue cesado, expulsado de la FSSPX  y castigado por Monseñor Fellay.  Ya no podía celebrar la Santa Misa sino únicamente en privado.  Entonces Monseñor Williamson  poco después  del 2012 le encargó al Padre Abraham hacerse cargo de las almas. Él no quería hacerlo, le dijo que tenía que hacerlo por obediencia.  Vive con Monseñor Williamson en su casa…      
CONTINUARÁ LA TRADUCCIÓN     

lunes, 18 de septiembre de 2017

SOBRE EL REZO DEL SANTO ROSARIO: S.S PIO XII



Carta Encíclica
“INGRUENTIUM MALORUM”
de nuestro Santísimo Señor por la Divina Providencia
PAPA PÍO XII a los Venerables Hermanos Patriarcas, Primados, Arzobispos, Obispos y demás Ordinarios de Lugar en Paz y Comunión con la Sede Apostólica sobre el Rezo del Santo Rosario
durante el mes de octubre, principalmente.
(15 de septiembre de 1951)

Venerables hermanos, salud y bendición apostólica.

1. Desde que fuimos elevados a la suprema cátedra de Pedro, por designio de la divina Providencia, a la vista de los males inminentes, no hemos cesado nunca de confiar al valiosísimo patrocinio de la Madre de Dios los destinos de la familia humana, y a este fin, como bien sabéis, hemos escrito a menudo cartas de exhortación. Conocéis bien, ¡oh venerables hermanos!, con cuánto celo y con cuánta espontaneidad y concordia ha respondido el pueblo cristiano por todas partes a nuestras sugerencias. Lo han atestiguado repetidas veces granciosos espectáculos de fe y de amor hacia la augusta Reina del cielo y, sobre todo, aquella manifestación de universal alegría que en el último año nuestros propios ojos pudieron contemplar en cierto modo, cuando en la plaza de San Pedro, circundados por una inmensa multitud de fieles, proclamamos solemnemente la Asunción de María Virgen al cielo.

2. Si bien el recuerdo de estas cosas nos es grato y nos consuela con firme esperanza en la divina misericordia, al presente, sin embargo, no faltan motivos de profunda tristeza que solicitan y angustian nuestro ánimo paternal.

Tristes condiciones de los tiempos presentes
3. Conocéis, en efecto, venerables hermanos, las tristes condiciones de nuestros tiempos. La unión fraternal de las naciones, rota desde tanto tiempo, no la vemos aún restablecida en todas partes, pero por todos lados vemos los espíritus trastornados por el odio y la rivalidad, e incluso se cierne sobre los pueblos la amenaza de nuevos y sangrientos conflictos. A esto se suma aquella violentísima tempestad de persecuciones que ya desde largo tiempo azota con crueldad a la Iglesia, privada de libertad en no pocas partes de la tierra, afligiéndola durísimamente con calumnias y angustias de todo género, haciendo correr también a veces la sangre de los mártires.

4. ¡A Cuáles y cuántas insidias vemos sometidos los ánimos de muchos de nuestros hijos en aquellas regiones para que rechacen la fe de sus padres y se aparten miserablemente de la unidad con esta Sede Apostólica! Ni, finalmente, en modo alguno podemos pasar en silencio un nuevo crimen respecto al cual deseamos vivamente reclamar no sólo vuestra atención, sino también la de todo el clero, la de cada uno de los padres y la de la misma autoridad pública; nos
referimos a aquellos perversos designios de la impiedad contra la cándida inocencia de los niños. Ni siquiera la edad inocente ha sido perdonada, sino que se osa arrancar también, con gesto temerario, las flores más bellas del místico jardín de la Iglesia, que constituyen la esperanza de la religión y de la sociedad.

Si se medita sobre esto, no debe suscitar gran sorpresa el hecho de que por todas partes los pueblos giman bajo el peso del divino castigo y vivan con la pesadilla de calamidades todavía mayores.
Alzad los corazones a la Madre de Dios

5. Sin embargo, la consideración de una situación tan cargada de peligros no debe abatir vuestro ánimo, venerables hermanos, sino que, acordándoos, por el contrario, de aquella divina enseñanza: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad, y se os abrirá» (Lc 11, 9), con la mayor confianza proponeos alzar espontáneamente vuestros corazones hacia la Madre de Dios, donde siempre ha
buscado refugio el pueblo cristiano en la hora del peligro, ya que Ella «ha sido constituida causa de salvación para todo el género humano».

6. Por ello esperamos con alegre expectación y reanimada esperanza el retorno del mes de octubre, durante el cual acostumbran acudir los fieles con mayor frecuencia a la iglesia para elevar sus súplicas a María por medio del santo rosario. Preces que este año, venerables hermanos, deseamos se hagan con mayor fervor de ánimo, cual lo requieren las necesidades crecientes. Nos es bien conocida, en efecto, su poderosa eficacia para obtener la ayuda maternal de la Virgen; la cual, aunque pueda conseguirse con diversas maneras de orar, sin embargo estimamos que el santo rosario es el medio más conveniente y eficaz, como lo recomiendan su origen, más celestial que humano, y su misma naturaleza. ¿Qué plegaria, en efecto, más idónea y más bella que la oración
dominical y el saludo angélico, que forman como las flores de que está compuesta esta mística corona?

Asociándose, además, a la oración vocal la meditación de los sagrados misterios se obtiene otra grandísima ventaja, a saber: que todos, incluso los más sencillos y los menos instruidos, encuentran en ella una manera fácil y rápida para alimentar y custodiar la propia fe. Y en verdad que con la meditación frecuente de los misterios el espíritu insensiblemente absorbe la virtud que allí se encierra, se inflama extraordinariamente con la esperanza de los bienes inmortales y se espolea con fortaleza y suavidad para seguir las huellas del mismo Cristo y de su Madre. La misma recitación de fórmulas idénticas, tantas veces repetidas, lejos de hacer la oración estéril y enojosa, posee una admirable virtud para infundir confianza en el que reza y hacer dulce violencia al corazón materno de María.

Excelencias del Santo Rosario
7. Trabajad, pues, con especial solicitud, venerables hermanos, para que los fieles puedan cumplir este oficio con la mayor diligencia con ocasión del próximo mes de octubre, y el santo rosario sea por ellos muy convenientemente estimado y profusamente practicado. Por vuestra labor el pueblo cristiano podrá comprender su excelencia, su valor y su saludable eficacia.

8. Empero, es sobre todo en el seno de las familias donde Nos deseamos que la costumbre del santo rosario sea difundida por todas partes, religiosamente custodiada y cada vez más desarrollada. Inútil es, desde luego, tratar de llevar remedio a los destinos vacilantes de la vida civil si la sociedad doméstica,
principio y fundamento de la unión humana, no es «reincorporada» a las normas del Evangelio. Nos afirmamos que el rezo del santo rosario en la familia es un medio grandemente eficaz para conseguir un fin tan arduo. ¡Qué espectáculo de placidez y tan sumamente grato a Dios cuando, a la caída de la tarde, el hogar
cristiano resuena con el frecuente eco de las alabanzas en honor de la augusta Reina del cielo! Entonces el rosario, recitado en común, une ante la imagen de la Virgen, con admirable concordia, los corazones de padres e hijos que retornan del trabajo diario; además, los une piadosamente con los ausentes y con los difuntos, y, por fin, liga a todos más estrechamente con el suavísimo vínculo del
amor a la Virgen Santísima, la cual, como Madre amantísima entre sus hijos, se hallará presente, concediendo con abundancia los bienes de la unidad y de la paz domésticas.

Entonces el hogar de la familia cristiana, semejante al de Nazaret, se convertirá en una terrenal morada de santidad y casi un templo, donde el santo rosario no sólo será la rogativa particular que todos los días se eleva hacia el Cielo en olor de suavidad, sino que constituirá también una escuela eficacísima de vida cristiana. En efecto: la consideración de los divinos misterios de la Redención
enseñará a los mayores a vivir enfrentados cotidianamente con el fúlgido ejemplo de jesús y de María, a recabarles consuelo en la adversidad y a dirigirse hacia aquellos tesoros celestiales «que no roban los ladrones ni roe la polilla»

(Lc 12, 33); llevará, además, a conocimiento de los pequeños las principales verdades de la fe, consiguiendo que en sus almas inocentes florezca como espontáneamente el amor hacia el benignísimo Redentor, cuando, al ver arrodillarse a sus padres ante la majestad de Dios, desde su más tierna edad, aprenderán cuán grande es el valor de la oración recitada en común. Sólo con la oración se afrontarán los peligros

9. No dudemos, por consiguiente, en afirmar de nuevo en público cuán grande es la esperanza por Nos depositada en el santo rosario para curar los males que afligen nuestro tiempo. No con la fuerza, ni con las armas, ni con la potencia humana, sino con la ayuda divina obtenida por medio de esta oración, como David con su bondad, la Iglesia podrá afrontar impávida al enemigo infernal,
repitiendo contra él las palabras del adolescente pastor: «Tú vienesa mí con la espada, con la lanza y con el escudo; pero yo voy a ti en el nombre del Señor de los ejércitos..., y toda esta multitud conocerá que el Señor no salva con la espada ni con la lanza» (1 Re 17, 44, 49).

10. Por esta razón, ¡oh venerables hermanos!, deseamos vivamente que todos los fieles, siguiendo vuestro ejemplo y vuestra exhortación, correspondan solícitos a nuestra paternal indicación, unidos sus corazones y sus voces con igual ardor de caridad. Si aumentan los males y los asaltos de los malvados, debe crecer igualmente el celo de todos los buenos y hacerse siempre más
vigoroso; esfuérzanse éstos por obtener de nuestra amantísima Madre, especialmente por medio del santo rosario, el que cuanto antes brillen tiempos mejores para la Iglesia y para la sociedad.

11. Roguemos todos que la poderosísima Madre de Dios, movida por las plegarias de tantos hijos suyos, nos obtenga de su Unigénito el que aquellos que se han desviado miserablemente del sendero de la verdad y de la virtud, vuelvan a él con renovado ánimo; el que felizmente se aplaquen los odios y las rivalidades que son fuente de discordia y de toda clase de desventuras; el que la paz, aquella paz verdadera, justa y genuina, vuelva a resplandecer sobre los individuos, sobre las familias, sobre los pueblos y sobre las naciones; el que, finalmente, asegurados como es justo los derechos de la Iglesia, aquel benéfico influjo derivado de ella, penetrando sin obstáculos en el corazón de los hombres, entre las clases sociales y en la entraña misma de la vida pública, aúne con fraternal alianza a la familia de los pueblos y la conduzca a aquella prosperidad
que regule, defienda y coordine los derechos y los deberes de todos, sin perjudicar a nadie, siendo cada día mayor por la recíproca y común colaboración.

Pensad en los desgraciados
12. Tampoco os olvidéis, venerables hermanos y dilectos hijos, mientras entretejéis nuevas flores orando con el rosario mariano; no os olvidéis, repetimos, de aquellos que languidecen desgraciados en las prisiones, en las cárceles, en los campos de concentración. Entre ellos se encuentran también, como sabéis, obispos expulsados de sus sedes únicamente por haber defendido con heroísmo los sacrosantos derechos de Dios y de la Iglesia; se encuentran
hijos, padres y madres de familia, arrancados de los hogares domésticos, que pasan su vida infeliz por ignotas tierras y bajo ignotos cielos. Como Nos envolvemos con un afecto singular a todas estas gentes, así también vosotros, animados de aquella caridad fraterna que emana de la religión cristiana, unid junto a la nuestra vuestras preces ante el altar de la Virgen Madre de Dios y
recomendadlos a su corazón maternal. Ella, sin duda alguna, con dulzura exquisita, aliviará sus sufrimientos, reavivando en los corazones la esperanza del premio eterno y no dejará de acelerar, como firmemente confiamos, el final de tantos dolores.

13. No dudando que vosotros, ¡oh venerables hermanos!, con el celo ardiente que os es acostumbrado, llevaréis a conocimiento de vuestro clero y de vuestro pueblo, en la manera que os parezca más oportuna, esta nuestra paternal exhortación, y asimismo, teniendo por cierto que nuestros hijos diseminados por todas partes sobre la tierra, responderán de buen grado a este nuestro llamamiento, concedemos con cordial efusión nuestra bendición apostólica,
testimonio de nuestra gratitud y augurio de celestiales gracias, a cada uno de vosotros, en particular a aquellos que durante el mes de octubre especialmente reciten con devoción el santo rosario.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 15 del mes de septiembre, fiesta de los Siete Dolores de la bienaventurada Virgen María, el año 1951, decimotercero de nuestro pontificado.
Pius PP XII.


sábado, 16 de septiembre de 2017

LA PSEUDO-RESTAURACIÓN (CAPITULO IV): R.P. TAM

NDB: En este capítulo el R.P. Tam expone las intenciones revolucionarias del entonces Cardenal Ratzinger, ejecutadas durante el pontificado de Juan Pablo II y por él mismo en su pontificado. El entonces teólogo Ratzinger fue ideólogo del Concilio Vaticano II junto con Karl Rahner y otros pseudo-teólogos de triste memoria. 

El mismo Cardenal Ratzinger es autor intelectual de la macabra estrategia de poner una cuña entre los fieles que sólo quieren la misa tradicional y sus mieles [*], contra los que quieren conservar todos los ideales de la Iglesia Católica y el reinado social de NSJ. A éste tipo de católicos fueron llamados integristas o radicales.  
[*La misa católica tradicional no es el único baluarte del catolicismo en juego. Lo es primordialmente la defensa de la fe y defender los sacrosantos derechos de Dios y de la Iglesia].

De la misma forma siguen siendo así llamados, integristas, radicales etc.. por los adeptos de la nueva FSSPX y por los adeptos de la falsa resistencia [adeptos de Mons. Williamson]. Respecto, a ésta falsa resistencia, no se sabe exactamente a que resisten pues no sostienen, sus obispos posturas doctrinales públicas, recomiendan las misas de la FSSPX [critican pero recomiendan sus misas, vaya contradicción], favorecen indirectamente la misa nueva etc..; eso sí, son enemigos públicos y no recomiendan a los católicos integristas, radicales o tradifariseos, neologismo acuñado por ellos mismos. 

Las únicas posturas públicas que se pueden encontrar son la de sus adeptos por medio de sus sitios de internet, ellos mismos se erigieron como defensores oficiosos de la falsa resistencia.

Por último en este capítulo el padre Tam expone las principales ideas de la Conferencia dictada por el entonces cardenal Ratzinger a los obispos de CHILE. Discurso muy poco conocido y menos publicitado, es evidente que entre revolucionarios se entienden bien. (Discurso del Cardenal Ratzinger a los Obispos de Chile, “Concilium”, 1988).




Cardenal Ratzinger, separándose de sus compañeros de ruta, asume y se convierte en el porta-estandarte de la reacción -previsible tras la Revolución liberal del Concilio- intentando atraer hacia sí a todos los descontentos, cediendo en todo lo que puede ser cedido, pero conservando fielmente los principios de la libertad religiosa

Estudiando las doctrinas del Cardenal Ratzinger en el Concilio, y que no han sido nunca desmentidas, y que son las mismas de toda la corriente progresista, tiene uno la tentación de pensar que mientras la corriente progresista sigue poniendo en práctica las conclusiones lógicas y los más radicales de los principios de libertad, igualdad y fraternidad, el Cardenal Ratzinger, con los conservadores, se ocupa de dirigir la fase conservadora de la Revolución en la Iglesia con el fin de recuperar y eliminar toda reacción.

Actualmente, después del Papa, el Cardenal Ratzinger es la persona más importante en esta operación, porque se ven con más claridad en el Cardenal que en el Papa, los fundamentos teóricos de la Seudo-Restauración.

Durante el Concilio, era (y sigue siéndolo) uno de los representantes del progresismo: “Ratzinger.... aparece como un de los fundadores de la Revista internacional "Concilium" que reunía lo que entonces se llamaba “ala progresista” de la teología” (“Jesus” noviembre 1984. pg.69).

Su progresismo es visible en sus escritos, contra el centralismo romano, sobre la infalibilidad del pueblo cristiano, contra el “constantinismo” en particular sobre el Syllabus y las deformaciones de las doctrinas de Pío IX y San Pío X, sobre los peligros del “fariseismo” en la Iglesia, en los discursos sobre la colegialidad, sobre “El Papa que no es Pedro”, sobre la crítica de la teología que se limita al Magisterio que él denomina “teología de las Encíclicas” que “nacen del miedo” o de “la poca fe” o de “la teología de la conservación” y sobre los errores del “papismo” (31).

Aún reconociendo a cada persona el derecho a cambiar de idea, el mismo Cardenal en el libro “Entretien sur la foi”, afirma explÍcitamente: “No soy yo el que ha cambiado, son ellos (los de “Concilium”), [...] Siempre he querido permanecer fiel al Vaticano II, este hoy de la Iglesia, sin nostalgia por un ayer irremediablemente pasado, sin impaciencia por un futuro que no nos pertenece.” (32)

Siguiendo un paralelismo histórico podríamos decir, a riesgo de ser repetitivos, que si los demás teólogos progresistas siguen extrayendo las consecuencias lógicas de su jacobinismo, el Cardenal Ratzinger, separándose de sus compañeros de ruta, asume y se convierte en el porta-estandarte de la reacción -previsible tras la Revolución liberal del Concilio- intentando atraer hacia sí a todos los descontentos, cediendo en todo lo que puede ser cedido, pero conservando fielmente los principios de la libertad religiosa, la colegialidad y el ecumenismo, a ejemplo de los girondinos con Napoleón durante la Revolución Francesa.

1.- Las ideas del Cardenal Ratzinger.

A) “Entretien sur la foi”

En el libro Entretien sur la foi, el Cardenal Ratzinger se declara favorable a una vía intermedia, entre la posición católica tradicional y el progresismo. (cf. cap. 2. p. 27,“Dos errores opuestos”).
“La cuestión clave [...] no consiste en “volver hacia atrás”, sino más bien en “volver a los textos auténticos del auténtico Vaticano II”. Defender hoy la verdadera Tradición de la Iglesia significa defender el Concilio” (cf. p. 32).

Según el Cardenal, no hay ninguna ruptura con la Tradición. “Es también culpa nuestra si hemos dado excusa, tanto a la “derecha” como a la “izquierda” para que puedan pensar que el Vaticano II constituye una “ruptura”, un abandono de la Tradición. Por el contrario, hay una continuidad, que no permite ni regreso al pasado
ni huida hacia adelante... Es el hoy de la Iglesia al que debemos permanecer fieles,no al ayer ni al mañana.” (cf .p. 32).

El Cardenal manifiesta su intención de terminar con el caso Lefebvre: “Su receta para eliminar toda razón de ser al caso Lefebvre [...] mostrar la verdadera faz del Concilio: así se podrá privar de fundamento a estas falsas protestas.” (cf. p. 35, “Un remedio contra el anacronismo”).

“Vaticano II, tenía razón al desear una revisión de las relaciones entre la Iglesia y el mundo. Porque hay unos valores que, incluso si han nacido fuera de la Iglesia, pueden, una vez corregidos, encontrar su lugar dentro de la visión de la Iglesia.

En aquellos años se ha trabajado en este sentido, pero quien piense que estas dos realidades pueden unirse o incluso identificarse sin conficto, demostraría no conocer ni la Iglesia ni el mundo. (cf .p. 38, “Ruptura no, sino continuidad”).

“He aquí la respuesta textual del Cardenal: Si por restauración se entiende una marcha atrás, entonces ninguna restauración es posible. La Iglesia camina hacia el cumplimiento de la historia, mira hacia adelante, hacia el Señor que viene.

No, no se da marcha atrás, y no es posible dar la vuelta: ninguna restauración en este sentido será posible. Pero, si por restauración se entiende la búsqueda de un nuevo equilibrio, después de las exageraciones de una apertura indiscriminada al mundo, después de las interpretaciones demasiado positivas de un mundo agnóstico y ateo, bien, entonces una restauración, entendida en ese sentido, es decir, un equilibrio renovado de las orientaciones y de los valores en el interior de la catolicidad, sería deseable e incluso ya ha comenzado en la Iglesia. En ese sentido, se puede decir que la primera fase, después del Vaticano II ya ha concluido.” (cf. p. 40,
“Restauracion”)

El Cardenal Ratzinger pone sus esperanzas en los movimientos, sin mencionar al Opus Dei -que, según nosotros, es el más importante en la fase de la Seudo-Restauración- porque ello le hubiera causado todavía más problemas y hubiese, posiblemente, puesto al desnudo el plan.

“En ellos se dibuja -aunque sin hacer ruido- lo que nos haría soñar con una aurora o un nuevo Pentecostés en la Iglesia. Me refiero, por ejemplo, al Movimiento Carismático, o Camino Neocatecumenal, los Cursillos, los Focolari, Comunión y Liberación, etc.” (cf. p. 47, “La Esperanza de los Movimientos”)

El Cardenal también ve a los descontentos a los que hay que recuperar para impedir que caigan en manos de los integristas: “Ante ciertas aplicaciones concretas de la reforma litúrgica, y sobre todo, ante las opiniones de ciertos liturgistas, la dimensión del descontento es más amplia que en el integrismo” (cf. cap .IX, “Riquezas a salvar”, pág. 141).

B) El Cardenal Ratzinger al presentar el documento “Instructio”, manifiesta:
(1).- “Este (el texto) afirma, tal vez por primera vez con tanta claridad el que existen decisiones del Magisterio, que no pueden, como tales, ser la última palabra en la materia.

(2).- Pero son un enganche sustancial en el problema.

(3).- Son también, ante todo, una expresión de prudencia pastoral, una especie de disposición provisional.

(4).- El núcleo permanece válido.

(5).- Pero las partes, tomadas por separado, y sobre las cuales han influido las circunstancias de los tiempos, pueden tener necesidad de rectificaciones posteriores.

(6).- Esto podemos pensar, ya sea en las declaraciones de los Papas sobre la libertad religiosa, ya sea en las decisiones antimodernistas de comienzos de siglo, sobre todo en los decretos de la Comisión Bíblica de esa época. (Por lo tanto el “núcleo válido” no se refiere a la condena de la libertad religiosa, del anti-modernismo y lo que condenan los decretos de la Comisión bíblica.)

(7).- Como grito de alarma [...] permanecen plenamente justificados....

(8).- ...pero en determinados detalles de su contenido han sido rebasados, después de haber cumplido, en su momento, su misión pastoral.”(Ratzinger O.R. 27-6-1990)

C) “El nuevo pueblo de Dios”.
En su libro “Il nuovo popolo di Dio” (El nuevo pueblo de Dios) cuyo original en alemán fue publicado en 1969, entre otras ideas, en relación con el espiritu laicista, el Cardenal Ratzinger manifiesta: “Cristo, en el plano de la ley de la religión, no fue sacerdote sino laíco” (cf. pág.119) (33).

El constantinismo: el profesor Ratzinger no se limita a criticar el constantinismo antiguo y medieval, sino que descubre además las desviaciones más cercanas a nosotros:

“Convendría que recordásemos, además de los hechos de la Edad Media y de la Antiguedad, los que están más próximos a nosotros en el tiempo, aquellos que podemos percibir de forma inmediata como una deformación: en particular, la reacción cristiana experimentada en el siglo XIX y comienzos del XX, en el Syllabus de Pío IX y durante el pontificado de Pío X. 

Harnack ha dicho, exagerando por supuesto, pero no sin razón, que de esta forma la Iglesia ha condenado la cultura y la ciencia modernas, cerrándoles la puerta; y aquí podemos añadir: la Iglesia ha descartado la posibilidad de vivir la vocación cristiana como algo actual, por estar demasiado interesada y apegada al pasado” (cf.pág.296-197).

Ratzinger, con su mentalidad moderna, cree ver un peligro de neoconstantinismo en una especie de “fariseísmo” y de "qumranismo".

“¿Quién podría poner en duda que hoy también existe en la Iglesia el peligro del fariseísmo y del qumranismo? ¿En efecto, no ha intentado la Iglesia construir su pequeño mundo, perdiendo definitivamente la posibilidad de ser "sal de la tierra y luz del mundo", durante su movimiento de evasión del mundo que se vio acentuado en el reinado de Pío IX? 

El aislamiento en su pequeño mundo -una clausura que ha durado demasiado tiempo-....

Está claro que ésa no es la forma ideal de renovar la Iglesia. Con el celo de Pablo IV, ya el intento naufragó, porque quiso suspender el Concilio de Trento, para renovar la Iglesia con el fanatismo de los zelotes” (cf. 298-299).

Nueva Teología: Como profesor de teología, ya lo era entonces, Joseph Ratzinger definía con gran lucidez la esencia y los límites de lo que debe ser una teología correcta después del Concilio Vaticano II. Para empezar critica asperamente lo que él denomina “teología de las Encíclicas”:

“Teología de las Encíclicas” significa una forma de teología en la cual la tradición parece debilitarse en cada declaración del Magisterio Papal (Cf. pág. 310).

Finalmente, la nueva teología se reconcilia plenamente con el mundo, reconociéndole su total autonomía, en armonía con la transparencia del discurso de apertura de Juan XXIII en el Concilio:

...hasta aquí era habitual [el Cardenal Ratzinger que ama hablar de “continuidad” confiesa que rompe con el pasado, n.d.l.r.] considerar a la Edad Media como la época cristiana ideal y aspirara a la plena identificación entre la Iglesia y el mundo como un único fin; y al contrario la era moderna era vista como una gran caída, comparada con el relato del hijo pródigo que sale de la casa paterna llevando consigo todos sus bienes y deseando después -en la Segunda Guerra Mundial- el pienso de los cerdos; en estas comparaciones aparecía ya el deseo de un pronto regreso [.....] Es en Juan XXIII, posiblemente, en donde podemos hallar la más fuerte crítica al romanismo medieval, esta mirada hacia atrás que ve un patinazo de las cosas hacia lo peor [...] es lo que condujo al Papa del Concilio hacia una teología de la esperanza, que nos parece el límite del optimismo ingenuo. (Cf. pág. 341).

Por el contrario, el Concilio también manifestó y concretó su voluntad de desarrollar la teología a la luz de todas las fuentes, en su integridad, de mirar estas fuentes no desde el filtro del Magisterio de estos últimos cien años, sino de leerlos y comprenderlos a partir de ellos mismos: el Concilio ha manifestado su voluntad de escuchar no sólo a la tradición católica, sino de profundizar y asumir de forma crítica el desarrollo teológico de las demás iglesias y confesiones cristianas” (cf. pág. 310-311).

Sobre la unidad de la Iglesia: “Unidad de la Iglesia no significa necesariamente iglesia unitaria....

Incluso se podría pensar, sin duda, en una forma especial de cristiandad, reformada en la unidad de la única Iglesia; en fin, habrá que reflexionar sobre la forma de dar a la Iglesia de Asia y de Africa, así como a las de Oriente, una forma que les sea propia, como los “patriarcados” o “grandes iglesias” autónomas, o el nombre que se les quiera dar a tales iglesias en la Iglesia del futuro” (cf. pág. 155-156) (34).

Acerca de la critica del Magisterio papal: “...una crítica del discurso del Magisterio papal sería posible, incluso necesaria, en la medida en que faltare suficiente cobertura en la Escritura, fundamentos en el Credo, en la fe de la Iglesia universal. Allí donde la unanimidad de la Iglesia universal o un testimonio claro de las fuentes no existiera, una decisión comprometida no sería posible.

Si debiese producirse formalmente, le faltarían las condiciones indispensables y habría, entonces, que pasar por alto la cuestión de su legitimidad” (cf. pág. 158).

D) “Resultado y perspectivas en la iglesia conciliar”

En el libro “Resultado y perspectivas en la iglesia conciliar” (35), leemos:
“Estos últimos ciento cincuenta años, pocas cosas han causado tantos daños a la Iglesia como la defensa a ultranza de las posturas propias de “Iglesia de Estado” y superadas ya por las corrientes de la historia. (36).

El intento de defender la fe -amenazada por la ciencia moderna- con medios propios de protección del Estado, produce el resultado contrario, vaciando esta misma fe de su contenido intrínseco, y al mismo tiempo, impidiendo desde diversos aspectos, la necesaria regeneración espiritual.

Este intento ha dado lugar a una visión de la Iglesia como enemiga de la libertad, temerosa de la ciencia y del progreso, productos de la libertad del espíritu humano, dando así lugar al nacimiento de unas de las raíces más profundas de anticlericalismo.

Después de Constantino -con su apogeo en la Edad Media- y en la España absolutista de comienzos de la era moderna, el hecho de que la Iglesia haya recurrido a la ayuda del Estado, constituye para Ella -en el mundo de hoy- una de las más pesadas hipotecas, es un hecho al que nadie, capaz de pensar de forma histórica, puede evadirse.” (cf. pág. 25-26).

E) Los principios de la teología católica.

“Hoy nadie niega que los Concordatos español e italiano intentan conservar demasiadas cosas de una concepción del mundo que, desde hace mucho tiempo, no se corresponden con las circunstancias reales. Casi nadie podrá tampoco negar que este apego a una concepción trasnochada -las relaciones entre la Iglesia y el Estado- corresponden a un anacronismo similar en el dominio de la educación.” (37).

2.- El Cardenal Ratzinger y el intento de dividir a los tradicionalistas.

El Cardenal Ratzinger quiere meter una “cuña” entre los tradicionalistas que sólo quieren la Misa tradicional, que frecuentan nuestras capillas y los tradicionalistas que quieren además, el Reinado Social de Cristo, es decir, la dependencia de la sociedad temporal de la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, y que son llamados “integristas”.

¿Lo conseguirá?
Entre los textos más importantes, están los prólogos del Cardenal Ratzinger a los libros de Monseñor Gamber: “La Reforme liturgique en question” y “Tournés vers le Seigneur”, así como la entrevista en el semanario “Il Sábato” del 24 de Abril 1993 donde insinúa que hay que dar la vuelta a los altares, y añade: “No es por hoy [...] ciertamente para mañana, pero hay que dejar esto a la Providencia, hemos también de prever una reforma de la reforma...”
He aquí lo que declara a la revista “Il Regno”:
“El fenómeno lefebvrista está en expansión, incluso aunque no se hable mucho de ello”

En cuanto a las perspectivas del futuro, por un lado veo un endurecimiento creciente de los responsables -pienso por ejemplo, en su crítica muy ácida al catecismo- así como otros fenómenos que dejan poco lugar a la esperanza de un nuevo diálogo; por otro lado veo también que numerosos laicos, frecuentemente con cierta formación cultural, participan en su liturgia sin identificarse con el movimiento. Por tanto hay que distinguir entre los responsables, muy seguros de sí mismos, que dicen: esta vez no será Roma quién ponga las condiciones, sino nosotros, que muestran una dureza sorprendente y preocupante, y por otro lado, un número de personas que participan en su liturgia, sin identificación, con la convicción de permanecer en plena comunión con el Papa y de no alejarse de la comunión de la Iglesia. Esta ambigüedad de situaciones hace difícil una acción futura. 

Siempre se puede intentar ayudar a aquellos que quieren ser católicos, en comunión con los obispos y con el Papa, a integrarse en la Iglesia, a hallar su hábitat en el interior de la Iglesia sin tener necesidad de recurrir a otras, y por otro lado, clarificar las condiciones reales de pertenencia a la Iglesia católica....

....Sólo construyendo puentes para favorecer el diálogo es como se podrán definir con más precisión también los límites” (Il Regno, abril 1994).

El discurso a los Obispos de Chile; texto para meditar.

1.- En primer lugar tranquiliza a los obispos al garantizarles que en el intento de alcanzar un acuerdo con Monseñor Lefebvre, se mantuvieron firmes en los principios de la Revolución liberal: “En este diálogo difícil, Roma ha unido la generosidad en todo aquello que es negociable, con la firmeza en lo esencial”.

2.- Su objetivo era recuperar la “reacción”. Defendiéndose de la críticas de los progresistas, el Cardenal Ratzinger cita el reproche de Monseñor Lefebvre según el cual el acuerdo que había firmado no tenía otro objetivo que integrar su Fundación en “la Iglesia del Concilio”.

3.- Monseñor Lefebvre escapó de su trampa: “De todas formas, el problema planteado por Monseñor Lefebvre no ha terminado con la ruptura del 30 de Junio de 1988.... Nuestro deber es preguntarnos que error hemos cometido y cuales podemos cometer aún.”

4.- El Cardenal Ratzinger se lamenta de que la reacción ha cristalizado, está ahí, es más importante de lo que parecía: “El hecho de que un número nada desdeñable de personas, más allá del circulo reducido de la Hermandad de Monseñor Lefebvre, vean en este hombre una especie de guía, debe hacernos reflexionar.”

5.- Hay que hacer un examen de conciencia. La Revolución se ha llevado a cabo de forma demasiado estrecha, sin dejar espacio suficiente a lo que no contradice a la Revolución misma. “El fenómeno (lefebvrista).... hubiera sido impensable sin los elementos positivos que no han encontrado espacio vital suficiente en la Iglesia de hoy.”

6.- Por tanto, hay que hacer inútil la reacción católica, concediendo suficiente espacio en las cosas menos importantes: “Así, podemos abrir un espacio a aquellos que buscan y piden desde el interior de la Iglesia, de este modo alcanzaremos a convertir el cisma en el interior de la Iglesia y a hacerlo superfluo.”

7.- Quitar a los tradicionalistas el mayor número posible de argumentos: “Mencionaré aquí tres aspectos que, a mi juicio, juegan un papel capital"

8.- Hacer la restauración litúrgica suprimiendo las diversas liturgias desacralizadoras:

“Un número elevado de fieles buscan refugio en la antigua liturgia [...] sacar la conclusión inmediata: hay que recuperar la dimensión sagrada de la liturgia.”

9.- Manifiesta su intención de mantenerse firme e inflexible en el postulado de la Revolución liberal en la Iglesia: “Hay que defender el Concilio Vaticano II contra Monseñor Lefebvre, como un deber que obliga cara a la Iglesia y como una necesidad permanente.”

10.- Para aquellos que aún no hayan comprendido, el Cardenal Ratzinger muestra en fin, donde se sitúa el centro del combate: “Ahora, dejando de lado la cuestión litúrgica, el punto central del conflicto se halla en el ataque a la libertad religiosa y contra el pretendido espíritu de Asís.”

11.- Sin embargo, los fieles parecen no caer en la trampa [NDB:ALGUNOS]:Todo esto lleva a muchas personas a preguntarse si la Iglesia de hoy es realmente, en verdad, la misma
de ayer, o si no se la habrán cambiado por otra sin haberlo prevenido a nadie” (Discurso del Cardenal Ratzinger a los Obispos de Chile, “Concilium”, 1988).


(31) Adista, 19-1-1987. pág. 3
(32) Cardenal Joseph Ratzinger, “Entretien sur la foi”, cap.I.p.17: “Teologien et pasteur”, Ed.
Fayard. Paris 1985.
(33) J. Ratzinger, “Il nuovo popolo di Dio”, Edc. Queriniana, Brescia, 1971.
(34) La creación de iglesias nacionales, cismáticas, fué siempre el sueño dorado de la Franc-
masonería.
(35) J. Ratzinger, “Resultado y prospectivas en la Iglesia Conciliar”, Buenos Aires, 1965, págs.
25, 26 y 42.
(36) Encontramos aquí también el error del Cardenal Ratzinger que concede, a priori, crédito a
la “corriente de la historia”, sin tomar en consideración que el mundo moderno es el fruto del relati-
vismo relgioso y de la política masónica.
Ratzinger afirma que estas proposiciones han quedado obsoletas, pero se cuida muy bien de
darnos las pruebas.
(37) J. Ratzinger, “Les principés de la theologie católique”, Ed. Tequi, Paris. l985. pág. 427-437




miércoles, 13 de septiembre de 2017

POSTURA LIBERAL DE LA NUEVA FSSPX: Leer para creer




LIBERALISMO:
EL PEOR ENEMIGO DE LA IGLESIA
(Mons. Marcel Lefebvre)

 Dos corrientes se combaten al interior del Catolicismo desde hace dos siglos. Después de la Revolución francesa algunos quisieron acomodarse con los principios revolucionarios y componer con los enemigos de la Iglesia; otros rehusaron este arreglo, teniendo en cuenta que Nuestro Señor Jesucristo nos advirtió: "Quien no está Conmigo está contra Mí". Por consiguiente, si se está por el reinado de Jesucristo, se está contra sus enemigos. No es posible de otra forma. Para pactar, los primeros pretendieron que se podía dejar de hablar de Nuestro Señor a pesar de continuar amándole. Más los Papas, hasta el Concilio Vaticano II, desaprobaron a éstos. [NdB: Actualmente los enemigos de la verdadera Iglesia Católica son los prelados modernistas que ocupan los puestos oficiales de la Iglesia oficial y han cambiado la religión católica por una nueva, la FSSPX en algunos países de forma abierta y en otros de forma encubierta hacen las paces con el enemigo. Traición; con el enemigo no se debe pactar, pues ¿qué tienen en común Nuestro Señor Jesucristo y Belial?]

JESUCRISTO ÚNICO REY, ÚNICO DIOS
Nuestro Señor es nuestro Rey, nuestro Dios. Debe, pues, reinar y no solo en privado sobre nuestras personas sino sobre nuestras familias, aldeas, y por doquier. Por otro lado, quiérase o no, Él será un día nuestro juez. Cuando vendrá sobre las nubes a juzgar el mundo entero, todos los hombres estarán postrados de rodillas: budistas, musulmanes, todos. No hay, en efecto, varios dioses, sino uno solo, como lo cantamos en el Gloria: "Tu solus sanctus, Tu solus altissimus Jesu Christe". Él descendió de los Cielos para salvarnos, es Él que reina en el Cielo; lo veremos cuando muramos.

DIVISIÓN DE LOS CATÓLICOS: LOS "CATOLICOS-LIBERALES"

Con la Revolución francesa se declaró una verdadera división, la que, por otra parte, tuvo su inicio ya con los protestantes. Toda una clase de intelectuales se sublevó contra Nuestro Señor, en un auténtico complot diabólico contra su reino del que no se quería oír más. Esos toleraban que Le honrásemos en nuestras capillas y sacristías, pero en forma alguna al exterior. No se debía hablar más de Nuestro Señor en los tribunales, la escuela, los hospitales, en una palabra, en ninguna parte. Más Nuestro Señor tiene el derecho de reinar sobre todo, y en los países católicos es el Amo. Y nosotros debemos tratar de hacerlos reinar lo más posible, de convertir a aquellos que no le conocen y no le aman todavía, a fin de que éstos lleguen a ser también sus súbditos, y que reconozcan a su Maestro, en el Cielo.
Así, desde la Revolución francesa, los católicos se dividieron entre los que aceptaban honrar a Nuestro Señor en las familias y parroquias, pero no en la vida pública, y en aquellos que, al contrario, querían que Nuestro Señor reine en todos lados. Los primeros, para justificar el silencio sobre Nuestro Señor en la sociedad, se apoyaron sobre la libertad de creer y de no creer. Pero esto no es así; uno no es libre de creer lo que quiere. Nuestro Señor dijo "El que creerá será salvado, el que no creerá será condenado". Por supuesto, se puede usar mal de esta libertad, pero entonces se desobedece alejándose de Dios. Moralmente uno no es libre: se debe honrar a nuestro Señor y seguir su enseñanza.

LOS PAPAS CONDENAN A LOS LIBERALES

He aquí aquellos que se llamó liberales, porque estaban por la libertad, dejando a cada uno el derecho de pensar lo que quería según su conciencia. Pero los Papas han condenado siempre ese liberalismo, afirmando en alta voz que no hay más libertad de conciencia que la de hacer el bien y evitar el mal. Por supuesto se puede desobedecer. Un niño puede desobedecer a sus padres, pero ¿tiene derecho a eso? Evidentemente no. Es lo mismo en la religión. Cierto, existen personas que desobedecen, pero hay que tratar de convertirlos y de llevarlos a obedecer a nuestro Señor, el Dios verdadero que nos juzgará a todos.
Esa corriente liberal fue desarrollada por católicos como Lamennais que era sacerdote; de allí la división en el propio seno de la Iglesia. Pero papas tales como Pío IX, León XIII; San Pío X, Pío XI, y Pío XII, han condenado siempre a esos liberales como los peores enemigos de la Iglesia, dado que alejaban a las gentes, las familias y los Estados de Nuestro Señor Jesucristo.

Cuando Nuestro Señor no está más presente en las escuelas, hospitales, tribunales y gobiernos, cuando está ausente del ambiente público, es la apostasía y el ateísmo. En efecto, se toma el hábito de no pensar más en Nuestro Señor, ya que no se lo ve en ninguna parte, y poco a poco este olvido se difunde y se introduce en las familias.

¿Cuáles son actualmente, para dar un ejemplo, los restaurantes y hoteles donde se halla la Cruz de Nuestro Señor? Por mi parte viajo mucho, y no he hallado sino en Austria un hermoso crucifijo en algunos restaurantes y una bella imagen de la Santísima Virgen en la habitación del hotel. En otra parte esto se terminó. Antes no había casa sin crucifijo. Hoy, hasta buenos católicos tienen miedo de colocar una en su casa, por temor de la reacción de aquellos que no aman la Religión cristiana. Ved a lo que se llega alejando suavemente a Nuestro Señor.
LOS ENEMIGOS EN EL INTERIOR DE LA IGLESIA

Al comenzar el siglo, San Pío X decía que ahora los enemigos de la Iglesia no están solamente en el exterior sino también en el interior. Con esto quería señalar esos católicos que no querían más la realeza pública de Nuestro Señor.
Pero eso no es todo. Dado que había hasta en los seminarios profesores modernistas, que querían adaptarse al mundo moderno, con su rechazo de nuestro Señor y su apostasía, San Pío X exigió que se los apartase de los seminarios, para que no influyan sobre los seminaristas que, una vez sacerdotes, difundirían a su turno las malas doctrinas. Y San Pío X tenía razón, pues es lo que ocurrió. Los obispos no quisieron prestar atención y suavemente esas ideas fueron introducidas en los seminarios, luego en el clero y finalmente en todos lados. Al nombre de la libertad, se dejó de hablar de Nuestro Señor y fue la apostasía.

En 1926, hace pues más de sesenta años, me encontraba en el seminario en Roma, bajo Pío XI, quien, él también, combatía y condenaba a los sacerdotes favorables al laicismo. En este año tuvo lugar en Roma una semana contra el liberalismo, y se presentaron dos pequeños libros: "Libéralisme et Catholicisme" del R.P. Roussel y "Le Christ Roi des Nations" del R.P. Philippe.

He aquí la introducción del primero:
"Queremos que Jesucristo, Hijo de Dios y Redentor de los hombres, reine no sólo sobre el individuo, sino sobre las familias, pequeñas y grandes, sobre las naciones y sobre el orden social entero; este es el pensamiento que nos une especialmente esta semana. Este reinado social, de Jesús Rey, reinado legítimo en sí, necesario para nosotros, no tiene adversario más temible, por su astucia, su tenacidad y su influencia, que el liberalismo moderno".

¿Cuáles son, pues, los orígenes de este liberalismo, sus manifestaciones principales, su desarrollo lógico? ¿Cómo calificarlo y refutarlo? Tales son las cuestiones que trata el libro del R.P. Roussel con su respuesta; un libro muy interesante que damos a todos nuestros seminaristas para que estén al corriente de esos errores modernos. El liberalismo, el laicismo, la secularización y la ausencia de sumisión pública a Nuestro Señor se han difundido a pesar de los Papas, porque los obispos y los sacerdotes no los escucharon lo suficiente.

El segundo pequeño libro editado, con ocasión de esa semana contra el liberalismo, en Roma, es: "Catechisme des droits divins dans L'ordre social", conocido bajo el título "Le Christ Roi des Nations" del R.P. Philippe, redentorista. Veamos el prefacio:

"Bajo pretexto de seguir las solas luces de la conciencia, se tomó el hábito de abandonar a la libre disposición de ésta el cumplimiento de todos los deberes: los derechos de la verdad y especialmente, los de la Verdad suprema son pisoteados. Nuestro catecismo pide un gran acto de fé, el acto de fe en Dios y en Jesucristo que ejerce su autoridad. Los pueblos deben saber que, en todas las relaciones de hombre a hombre, en todo lo que constituye la intimidad de una nación, dependen de Dios y de Jesucristo".

Todo esto ocurrió en 1926. Entonces los sacerdotes resistían aprestándose para luchar contra la apostasía invasora y para defender a Nuestro Señor, contra la secularización y la laicización de todas las instituciones. León XIII en su incíclica Humanun genus describió que los francmasones tienen por fin descristianizar todo, especialmente las instituciones, y que quieren quitar y expulsar a Nuestro Señor de todos lados. Todo esto se desarrolló pues a pesar de los Papas, y así se llegó al Concilio Vaticano II.
LA PREPARACIÓN DEL CONCILIO: LOS OBISPOS LIBERALES
Ahí también fue la división, en el seno mismo de la Iglesia. Esos liberales que no quieren que se hable más de Nuestro Señor en la sociedad, que, al contrario, quieren la libertad de todas las religiones y de todos los sistemas de pensamiento, crearon una oposición entre las cardenales y esto desde la preparación del concilio.

La Santa Sede había instituido unas comisiones a la cabeza de las cuales se elevaba la "Comisión central preparatoria del Concilio". Sesionó de 1960 a 1962 y estaba integrado de setenta cardenales y una veintena de arzobispos y obispos, y si me encontraba allí era por ser presidente de la Asamblea de arzobispos y obispos de la África occidental francesa. El Papa Juan XXIII presidía, con frecuencia, nuestras reuniones.

Fue como un campo de batalla, hay que decirlo. ¿Quién ganaría? ¿Los liberales o los auténticos católicos que estaban con todos los Papas en su condena al liberalismo? Por un lado unos querían que la Iglesia declarase su tesis sobre la libertad, la neutralidad de las sociedades y la ausencia de Nuestro Señor Jesucristo de la vida pública. Por otro, hubo vivas reacciones contrarias. ¿Nosotros católicos no tendríamos el derecho de tener nuestros Estados católicos para no chocar con las religiones musulmana, budista o protestante? ¿Y esto bajo el pretexto de no hacerles agravio, cuando ellos nos lo hacen categórica y públicamente?

En los Estados protestantes, por ejemplo, se es protestante oficialmente. El cantón de Vaud inscribió en su constitución que el protestantismo es religión de Estado. Así es igualmente para Suecia, Noruega, Inglaterra y Dinamarca, y públicamente la religión protestante es la única reconocida por el Estado.
LOS LIBERALES SUPRIMEN LOS ESTADOS CATÓLICOS

¿Entonces no tendríamos el derecho de tener nosotros también nuestros Estados católicos? El Estado del Valais era católico un 90 %. Como los liberales ganaron en el Concilio, y dominan ahora en Roma, pidieron a Mons. Adams (a quien conocí bien y que era un buen amigo), por intermedio del nuncio en Berna, de acabar con el Estado católico del Valais. La constitución valdense enunciaba, en efecto, que la Religión católica era la única religión reconocida públicamente por el Estado. Esto era, en definitiva, afirmar que Nuestro Señor Jesucristo era el Rey del Valais. Y Mons. Adam, todo lo favorable que fuese la Tradición, él que había combatido durante el concilio a favor del reinado social de Nuestro Señor, escribió una carta a todos sus fieles para que el Estado de Valais cambiase su constitución y se convierta oficialmente en neutra.
Me informé y se me contestó que eso venía del nuncio. Fui pues a encontrarlo a Berna y él que había combatido durante el Concilio a favor del reinado social de Nuestro Señor, escribió una carta a todos sus fieles para que el Estado de Valais cambiase su constitución y se convierta oficialmente en neutra.
Me informé y se me contestó que eso venía del nuncio. Fui pues a encontrarlo a Berna y él me confirmó que Mons. Adam había escrito por orden suya.
- ¿Y no tiene Usted, vergüenza de pedir que Nuestro Señor Jesucristo no reine más el Valais?
- (El Nuncio) Oh, pero ahora esto no es más posible. Usted comprende no es más posible.
- ¿Y los protestantes? Vaya Usted, pedirles de dejar de reconocer su protestantismo como religión oficial en el cantón de Vaud y o en Dinamarca. ¿Y nosotros católicos, no tenemos, acaso, el derecho de tener Estados en los cuales la Religión católica es la única reconocida públicamente?

- (El nuncio) Ah, eso no es más posible. - ¿Qué hace Usted de la magnífica encíclica Quas primas donde Pío XI recuerda que Nuestro Señor Jesucristo debe reinar sobre todos los Estados y sobre todas las naciones?

- (El nuncio) Oh, el Papa no lo escribiría ahora.
Ah, esto como ejemplo. Esta encíclica fue escrita en 1925 por Pío XI para recordar a todos los obispos la doctrina sobre el reinado social de Nuestro Señor Jesucristo, y he aquí ahora obispos hacen exactamente lo contrario. Y es lo que desgraciadamente aconteció: oficialmente el Estado del Valais no es más un Estado católico. La Iglesia sólo sigue reconocida al mismo nivel que cualquier asociación privada, como las otras religiones, que tienen el derecho de organizarse en el Valais (Suiza).

EL CARDENAL BEA PORTAVOZ DE LOS LIBERALES

¿Cómo ocurrió esto? Un día el cardenal Ottaviani y el cardenal Bea nos trajeron dos fascículos que valían su peso en oro. Estos dos fascículos delimitaron los campos en la Iglesia: uno es de la Revolución francesa y el otro de la Tradición católica. Uno es el del cardenal Bea, liberal, el otro el del cardenal Ottaviani, prefecto de la Comisión.

En su documento el cardenal Ottaviani habla de la "tolerancia religiosa". Es decir, si hay otras religiones en los Estados católicos, se los tolera, pero no se les concede las mismas libertades que a la Iglesia, del mismo modo que se toleran los pecados y los errores, dado que no se puede expurgar todo. En una sociedad hace falta una cierta tolerancia, pero esto no quiere decir que se apruebe el mal.

Cuando llegó el momento para el cardenal Ottaviani de presentar su documento a la Comisión central preparatoria del Concilio, documento que no hacía más que retomar la doctrina enseñada siempre por la Iglesia católica, el cardenal Bea se irguió diciendo que se oponía. El cardenal Ruffini, de Sicilia, intervino para detener ese pequeño escándalo de dos cardenales que se enfrentaban así con violencia ante todos los otros. Pidió referir a la autoridad superior, es decir al Papa que ese día no presidía la sesión. Pero el cardenal Bea dijo, no, quiero que se vote para saber quién está conmigo y quién con el cardenal Ottaviani.

Se procedió, pues, a votar. Los setenta cardenales, los obispos y los cuatro superiores de órdenes religiosas que estaban allí se dividieron más o menos por mitades. Prácticamente todos los cardenales de origen latino: italianos, españoles y sudamericanos, estaban por el cardenal Ottaviani. El contrario los cardenales norteamericanos, ingleses, alemanes y franceses estaban por el cardenal Bea. Así se halló una Iglesia dividida sobre un tema fundamental de su doctrina: La realeza de Nuestro Señor Jesucristo.

Era la última sesión, y uno se podía preguntar lo que iba a acontecer con ese Concilio si ya la mitad de los setenta cardenales eran favorables a la tolerancia religiosa del cardenal Ottaviani y la otra mitad favorable a la libertad religiosa del cardenal Bea que se basaba en la Revolución francesa y la Declaración de los derechos del hombre. Y bien, en el Concilio también hubo lucha, y hay que reconocer que son los liberales los que se impusieron. ¡Qué escándalo! Así llegó esa nueva religión, que desciende más de la Revolución francesa que de la Tradición católica, ese famoso ecumenismo donde todas las religiones están en pie de igualdad. Ahora Ustedes, pueden comprender la situación actual, esta se deriva de los liberales en el Concilio. [NdB: Así pues desde Paulo VI hasta Francisco han profesado y enseñado una nueva religión, han desparramado la cosecha de Nuestro Señor, eran sal y se tornaron insípidos. Pues si es tan clara la apostasía ¿por que hacer acuerdos de reconocimiento con la Roma actual? Es como si renegaramos de nuestra CATOLICIDAD.]

Hubo, sin embargo, oposiciones violentas, pero como el Papa tomó parte prácticamente por la libertad, son los liberales que tomaron los puestos en Roma y los ocupan aún.

Me opuse a esto con Mons. Sigaud, Mons. de Castro Mayer y muchos otros miembros del Concilio. Porque no se puede admitir que Nuestro Señor sea destronado. La Iglesia está fundada sobre el principio que exige la realeza de Nuestro Señor sobre la tierra del mismo modo que en el Cielo. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el Cielo. ¡Sí, que la voluntad del Señor sea hecha por doquier y no solamente en las familias!. Pero ahora que el liberalismo reina en Roma, aquel que nuestros autores de 1926 calificaban como de el peor enemigo de la Iglesia, asistimos a la demolición de la Iglesia.

Hay una auténtica ruptura. Más nosotros permanecemos en comunión con todos los Papas hasta el Concilio, mientras que el cardenal Bea no da referencia alguna en su documento. Él no podía remitirse a ningún Papa, dado que su doctrina es nueva y ésta siempre fue condenada por los Sumos Pontífices. En el folleto del Cardenal Ottaviani hay más páginas de referencia que de texto, referencias a los Papas, a los concilios, a toda la doctrina de la Iglesia. La tolerancia religiosa está realmente en la continuidad de la Tradición. La Fe en la Iglesia fue siempre predicar la verdad y tolerar el error, ya que no puede hacer de otro modo, pero esforzándose en ser misionera, reducir el error y atraer a la verdad. La Iglesia no afirmó jamás que se tenía el derecho tanto de estar en el error como en la verdad, que había igual derecho de ser budista que católico. Esto no es posible, o la Religión católica no es más la única verdadera. Es una catástrofe fundamental para la Iglesia. Hemos vivido ese combate en el Concilio y lo vivimos todavía.

CONSECUENCIAS DE LA NEUTRALIDAD
Una vez que el Estado deja de tener religión, y que la Iglesia exige que todas las religiones sean admitidas, las puertas están abiertas. Y se asiste a una invasión inverosímil. Moon, adventistas, testigos de Jehová, a tal punto que hasta los obispos se han reunido en Sudamérica para constatar la gravedad de la situación. Unos hablan de cuarenta millones, y otros de sesenta millones de católicos que han pasado a las sectas desde 1968; por consiguiente, desde el Concilio. He aquí la terrible consecuencia de la posición del cardenal Bea: la apostasía de millones y millones de católicos. Y se constata la misma cosa por doquier, como en Francia, donde se ve de más en más católicos pasarse al Islam, a las sectas o a las logias masónicas. Es la apostasía general, es por eso que resistimos, pero las autoridades romanas quieren que aceptemos esto. Cuando discutí con ellas en Roma, querían que yo conozca la libertad religiosa como el cardenal Bea. Pero les dije, no, no puedo. Mi fe es la del cardenal Ottaviani fiel a todos los Papas y no esta doctrina nueva y perpetuamente condenada.
He aquí lo que constituye nuestra oposición y es la razón por la cual no existe posibilidad de entenderse. Y no es tanto la cuestión de la Misa, dado que la Misa es precisamente una de las consecuencias del hecho que quiso acercarse al protestantismo y, por ende, transformar el culto, los sacramentos, el catecismo, etc...

EL FUNDAMENTO DE NUESTRA POSICIÓN
La verdadera oposición fundamental es el reinado de Nuestro Señor Jesucristo. Opportet Illum regnare, nos dice San Pablo. Ellos dicen, no, nosotros decimos, sí, con todos los Papas. Nuestro Señor no vino para estar escondido en el interior de las casas sin salir de éstas. ¿Por qué se han hecho masacrar los misioneros? Para predicar que Nuestro Señor Jesucristo es el único Dios verdadero, para decir a los paganos que se conviertan. Entonces los paganos han querido hacerlos desaparecer, pero ellos no han dudado en dar su vida para continuar predicando a Nuestro Señor Jesucristo.
¿Habrá que hacer ahora lo contrario, decir a los paganos: "vuestra religión es buena, conservadla siempre que seáis buenos budistas, buenos musulmanes, o buenos paganos"? ¡He aquí la razón de nuestra desinteligencia! Nosotros obedecemos a Nuestro Señor que dijo a los Apóstoles "Id a enseñar el Evangelio hasta los confines de la tierra".
No hay que extrañarse que no lleguemos a entendernos con Roma. Esto no será posible hasta que Roma no vuelva a la fe en el reino de Nuestro Señor Jesucristo, hasta que deje de dar la impresión de que todas las religiones son buenas. Nos enfrentamos con ellos sobre un punto de la Fe católica, como se han enfrentado el cardenal Bea y el cardenal Ottaviani, y como se han enfrentado todo los Papas con el liberalismo. Es la misma cosa, la misma corriente, las mismas ideas y las mismas divisiones en el interior de la Iglesia.
Antes del Concilio los Papas y Roma sostenían la Tradición contra el liberalismo, mientras ahora los liberales ocuparon el lugar. Evidentemente éstos están contra los tradicionalistas y, por consiguiente, somos perseguidos. Pero estamos tranquilos porque estamos en comunión con todos los Papas desde Nuestro Señor y los Apóstoles. Guardamos su Fe y no vamos a pasarnos ahora a la fe revolucionaria en la Declaración de los derechos del hombre. No queremos ser hijos de 1789, sino hijos de Nuestro Señor e hijos del Evangelio.
Los representantes de la Iglesia católica dicen: cada uno es libre y se puede colocar a todas las religiones juntas para rezar como en Asís. ¡Eso es una abominación! El día en el que el Señor se enoje no será cosa de risa. Pues si Nuestro Señor castigó a los judíos, como lo hizo, es porque estos habían rehusado creen en Él. Anunció que Jerusalén sería destruida y lo fue, y el templo nunca fue reconstruido desde aquel entonces. Bien podría decir lo mismo ahora cuando todos sus pastores están contra Él, ya que no quieren creer más en su realeza universal.
Hay que seguir apegado a la doctrina de la Iglesia. Permaneced apegados a Nuestro Señor que es todo para nosotros. Él es el Amo que nos juzgará como juzgará a todo el mundo. Luego, hay que rezar para que su reino llegue, aún cuando se deba ser perseguido.
Por más extraordinario que pueda parecer, he aquí la situación de hoy. No soy yo quien la inventé. ¿Por qué me he hallado casi sólo contra ese liberalismo al que son favorables la mayoría de los obispos, hasta de Roma? Es un gran misterio. Siendo, como antes, fiel a todo lo que han dicho los Papas, uno se halla casi solo.
Lo principal es estar con Nuestro Señor, aún cuando haya que estar solo. Si se está con toda la enseñanza de la Iglesia de veinte siglos, no se tiene miedo. ¿No hay que hacerse problemas, verdad? ¡Confiad en la Providencia! Dios que conoce el futuro, restablecerá todas las cosas un día, dado que la iglesia no puede quedar indefinidamente en esta situación.
Confiemos en la Santísima Virgen y en Nuestro Señor y no nos acobardemos ni nos deprimamos, ya que continuamos la Iglesia. Permanezcamos en paz. ¡Que Dios os bendiga!

+ Mons. MARCEL LEFEBVRE
Arzobispo


De su conferencia en Sierre, Suiza, 27 de noviembre de 1988